Durante mucho tiempo pensé que mi miedo a priorizarme tenía que ver con ser madre.
Pero quizás viene de mucho antes.
Crecí viendo dos extremos.
Por un lado, un padre que muchas veces parecía elegir sus parejas, sus nuevas familias y sus nuevas vidas, confiando en que alguien más se ocuparía de nosotros.
Por otro lado, una madre que tampoco se eligió a sí misma. Que permaneció en situaciones que le hacían daño y que también terminaron alcanzándonos a nosotros.
Y durante años me quedé atrapada entre esos dos modelos.
Porque aprendí que si una persona se prioriza demasiado, puede abandonar a quienes ama.
Pero también aprendí que si una persona nunca se prioriza, puede perderse a sí misma.
Entonces crecí creyendo que tenía que elegir.
O ser una mujer que se dedica a sí misma y corre el riesgo de olvidarse de sus hijos.
O ser una madre que se dedica por completo a sus hijos y se olvida de sí misma.
Y tal vez la vida no funcione así.
Tal vez el verdadero desafío sea encontrar un punto intermedio que nunca vi de cerca.
Un lugar donde pueda amar profundamente a mis hijos sin desaparecer detrás de ellos.
Un lugar donde pueda enamorarme sin sentir que estoy abandonando a nadie.
Un lugar donde pueda descansar sin culpa.
Donde pueda elegirme sin convertirme en alguien egoísta.
Porque hoy entiendo algo que antes no veía.
Mis heridas no nacieron porque los adultos de mi vida hayan amado a otras personas.
Nacieron de las ausencias, de las prioridades desordenadas y de las responsabilidades que quedaron sin atender.
Y eso no es lo mismo.
Amar a alguien no significa abandonar a los hijos.
Elegirse a una misma no significa dejar de cuidar.
Tener una vida propia no significa olvidar de dónde venimos ni a quiénes amamos.
Quizás por eso me hago tantas preguntas.
No porque tenga miedo de querer demasiado.
Sino porque tengo miedo de repetir historias que me dolieron.
Pero cada vez empiezo a creer más que no estoy condenada a elegir entre un extremo y otro.
Que puedo ser madre y seguir siendo mujer.
Que puedo cuidar y cuidarme.
Que puedo construir algo para mí sin dejar de estar para ellos.
Y que, tal vez, crecer también sea aprender que entre el abandono y la renuncia existe un camino mucho más sano... el equilibrio.
Si te gustó este post, considera invitarle un cafecito al escritor
Comprar un cafecitoRecomendados
Hacete socio de quaderno
Apoyá este proyecto independiente y accedé a beneficios exclusivos.
Empieza a escribir hoy en quaderno
Valoramos la calidad, la autenticidad y la diversidad de voces.


Comentarios
No hay comentarios todavía, sé el primero!
Debes iniciar sesión para comentar
Iniciar sesión