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¿Y mi amor?

Nanita

Mar 31, 2026

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Yo… jamás pensé que cesaría mi amor por el.

Jamás imaginé que mis días transcurrirían

lejos de aquellos brazos

que antes me brindaban abrigo y quietud,

como si en ellos reposara mi hogar.

Nunca creí que mis manos

dejarían de aferrarse a las de el,

ni que mi corazón renunciaría

a ese amor que me ofrecía…

siempre incompleto, siempre a medias.

Mas hoy que contemplo con otros ojos,

ojos que la desdicha ha despertado.

Y veo, con amarga claridad,

cómo busca en otras mujeres

la atención que antaño juraba darme.

Y sabé qué

Se lo agradezco.

Pues jamás hubiera hallado la fuerza

para abandonar su lado

de no ser por su propia traición.

Fue quien me obligó a marchar,

y quizá, sin tal herida,

yo habría perecido de amor en su sombra.

¡Cuán cruel era el engaño!

Me miraba a los ojos

mientras sus deseos vagaban por otros cuerpos.

Me entrelazaba entre sus brazos,

me hacía reír,

me robaba suspiros con cosquillas y caricias,

y sus labios pronunciaban aquel dulce

—“Te amo”—.

¡qué bella mentira!

Mientras juntos contemplábamos historias

que nos hacían reír y suspirar,

mientras celebrábamos cada escena

como niños que descubren maravillas,

El ya me traicionaba en silencio.

Y yo…

ciega por el amor,

permanecí.

Permanecí en un sitio

que jamás fue mi morada,

en un corazón

que jamás fue mi refugio.

Es hipócrita

y sus palabras son dagas dulces:

cada sílaba que brotaba de su boca

Era un juramento falso.

Decía extrañarme

mientras sus ojos deseaban otros cuerpos.

Decía no poder dejarme ir

mientras sus manos buscaban otras pieles.

Y por ello lo odio.

Lo odio por herir

a la mujer que le ofreció lealtad,

a la mujer que le entregó

un amor que jamás volverá a encontrar.

Hoy ya no lo miro con ternura.

No niego que en ocasiones

la memoria traiga de vuelta ciertos instantes,

y que mi pecho los extrañe…

mas entonces mi mente me conduce

al salón donde fui humillada.

A las noches

en que lloré mares por sus engaños.

Esto lo sembró en mí

el miedo de volver a amar.

Dicen los sabios de antaño:

“El hombre cambia por la mujer que ama.”

Y hoy comprendo, con dolor sereno,

que jamás fui esa mujer.

Ni siquiera bastó mi partida:

pues apenas una semana después

ya sus labios reposaban en otros labios,

y sus manos sostenían otras manos.

Mientras tanto, los míos…

solo sabían pronunciar su nombre

con amargura.

No deseo volver a verlo jamás.

Ni saber de su existencia.

Dentro de unos días se cumplirán dos meses desde nuestra separación,

y le confieso, con una paz que jamás conocí:

ha sido los dos meses más sereno de mi vida.

Sé bien que nunca me habría dado

el amor que merezco.

Y esto el lo pronunció una vez:

que no poseía las herramientas

para hacerme feliz.

Al menos, en eso, fue honesto.

Y sí… me equivoqué también,

con celos y temores.

Mas aun así,

jamás merecí su crueldad.

Le entregué mi cuerpo,

mi alma

y la más pura versión de mí misma.

Y recibí a cambio

hipocresía.

Mas ahora estoy sanando.

Y cada día,

el sentimiento se desvanece un poco más.

Algún día seré feliz

de no recordar su nombre,

de saber que no habita

ni siquiera los rincones más oscuros de mi corazón.

Pero algo si aprendí.

Aprendí, a como quiero ser amada

Y comprendí entonces

que jamás me amará asi.

Yo merezco el mundo entero,

mas agradezco que no sea el

quien me lo entregue.

Porque no merece

más oportunidades de las que ya le concedí.

Y si mi alma sana,

será para no volver jamás.

Mi yo del pasado estaría orgullosa

de saber que he logrado superarme

en tan solo un mes.

Dos años y medio

lloré océanos…

y ahora mi corazón entiende

que no merece derramar

ni una sola lágrima más.

Dolió…

porque mi niña interior

rogó a Dios durante dos años

Que se quedará.

Mas de mil maneras

el destino me demostró

que no.

Ahora solo deseo aprender

a ser feliz sin su presencia,

porque ahora me gusta más el echo

De habitar en su ausencia.

Sin nadie.

Solo yo

y mis libros.

Así que gracias…

sí, gracias por marcharte.

Gracias por mostrarme

que no valias la pena.

Y, más importante aún,

gracias por enseñarme

cómo deseo ser amada.

Nanita

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