Hay días como hoy, en los que no puedo dejar de pensar; pensar en mi pasado, en cómo crecí, pasando de ser un niño solitario y resentido a un adolescente enojado con la vida. Desde una edad temprana me di cuenta de que soy un imán de mala suerte, de infortunios; a veces he llegado a sentirme como un gato negro, dejando una estela de desastres en los lugares donde me atrevo a quedarme, siempre queriendo pertenecer, permanecer.
Ahora que soy un adulto pude darme cuenta de que no soy el amigo favorito, ni el hijo o nieto preferidos; quizá es algo a lo que me he acostumbrado, es así desde que tengo uso de razón. Días en los que siento que soy un personaje secundario en mi propia vida; siento que no vivo mis vivencias, mis desgracias, la escasa felicidad de mis días.
No soy escritor ni poeta; tengo pensamientos que a veces necesitan salir, esos que siento que son capaces de derretirme el cerebro, dejarme en un bloqueo emocional permanente. No recuerdo la última vez que me sentí genuinamente cómodo y feliz en un lugar; tal vez quedarme no sea lo mío.
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