volar,
Aug 29, 2026
aquel pajarito disfruta tanto de ser admirado que yo me siento a orillas de la ventana, aferrándome a un alféizar que parece guardarme un espacio propio cada mañana, solo para hacerle compañía. aquel amigo emplumado en colores vibrantes se regodea feliz; no sé si es por las pequeñas pepitas que suelo dejarle antes de que el sol salga —las mismas que custodio celosamente para que ningún otro animalito se atreva a robarle—, o porque entre él y yo se ha tejido algo más profundo que la simple admiración: una amistad.
quiero creer firmemente en eso porque, muy en el fondo, me fascina la idea de pensarme su igual, de extender unas alas imaginarias más allá de los límites y surcar un cielo que se tiñe de naranja, de rojo y de un blanco esponjoso, mientras su canto conocido llega cada alba para darme los buenos días.
él anuncia su llegada revoloteando y yo me escondo. estoy tan habituado a esconderme que ya no sé cómo asomar la cabeza fuera de aquel agujero en la pared. me tiemblan las manos al dejar la taza de café —ya helado— sobre el bordillo blanco, manchado por gotas derramadas que bien podían ser del contenido o de mis propias lágrimas, cuando ese ahogamiento absurdo me subió de golpe por la garganta hacia unas horas.
me he obsesionado con la idea de la libertad, pero no sé hacia dónde ir a buscarla. aunque te confieso que a veces creo escucharla burlarse de mí, guiñándome un ojo con picardía, como si supiera que mi gran anhelo no es más que volar y ser lo que aquel pajarito representa: alguien sin pesares, sin preocupaciones, y liberado por fin de la constante y pesada pregunta de ¿quién soy?
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