Hay un cansancio profundo
y una tristeza que recién ahora encuentra lugar para salir.
Y también encuentra con quién.
Cuando estoy sola, no molesto a nadie.
Entonces me permito aflojar.
Dejar de sostener.
No quiero ser mamá por un rato.
No quiero ser ex.
No quiero ser la que desea ni la que responde.
No quiero ser fuerte, ni clara, ni agradecida.
Quiero apoyar la cabeza en la ventana de un colectivo
y que el vidrio frío me sostenga.
Mirar cómo pasan las calles sin bajar en ningún lado.
No llegar.
No empezar nada nuevo.
No es huir de mis hijos.
Es huir de la repetición.
De los días que se parecen demasiado.
De la rutina que no pregunta si estoy cansada.
Quiero existir sin función.
Sin deber.
Sin cuerpo ofrecido.
Sin culpa.
Aprender, de a poco,
a estar sola sin sentir que abandono algo.
A gastar tiempo en mí sin pedir permiso.
A no tener que rendir ni emocional ni sexualmente
para poder desaparecer un rato.
Tal vez no estoy buscando un lugar.
Tal vez estoy buscando descansar de ser.
Y por ahora,
con viajar sin destino
alcanza.
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