La imprudencia de mis actos quiere conmover a la más extraña de mis versiones, que muchas veces se queda en casa durmiendo porque no ve necesario levantarse.
Y es un juego entre todas, mientras yo las voy mirando, es un constante tira y afloje entre berretines y reclamos que solo ceden en un pacto cuando algún recuerdo te involucra.
Incluso sabiendo que no te involucrás, y ahí entra la primera en juego, la que se queda durmiendo como si nada porque sabe con soberbia que ante ella te rendís.
Pero el discurso conmovedor de las otras vuelve absurda esta democracia. Entonces todos te pasamos por al lado, y aunque en un pequeño gesto, o en tu risa preciosa, o en el acto de correr la vincha de tus auriculares para escucharnos debe de estar la pregunta exacta. Es en tu ausencia, que nos reinventamos la respuesta.
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