Vernos.
Mar 12, 2026
Un mínimo movimiento. Sutil e imprevisto.
- Te acordás cómo terminaba el acto ése mago del puerto? Dejaba caer por el brazo, con una voltereta, esa galera tan rara. Y quedaba siempre mirando a quien tenía la risa más fuerte. Casualidad, che, qué cosa. Basta con el cuidado de la secuencia en la que uno mueve las cosas, como para quéstas atraigan por el mero hecho de existir. De ésa y no otra forma. Y después estamos nosotros. Que terminamos viendo videos de cómo se hacen los trucos y nos ponemos absurdamente nerviosos cuando las situaciones efectivamente están dadas. Es como si después del último gesto de la galera, el artista dijera algo absurdo: "Vos. Que tenes más cara de pelotudo. Sí. Vos. Págame algo que tengo que comer".
Quién iba a decir que un perro iba a ser la excusa de una charla en la que ella también tiene uno, no? Y cerrar el encuentro con un "ojala nos crucemos de nuevo", y frenar cinco minutos a darle de tomar agua del bebedero al perro que no medía más de dos zapatos...
- Eso es lo absurdo? - interrumpió - A veces uno quiere tener una conversación incoherente, qué se yo, nada más. O ni siquiera conversar. Sino exclamar cosas que uno piensa cuando lo dejan no pensar tanto. "Mirá cómo se revuelca tu perro en la tierra". "Cuando era chica tuve uno igual, lo extraño".
Y el hecho de volver a verse... Tema delicado. Si no fue una propuesta y fue casualidad... quizás el volver a vernos es eso. Quizás es volver a verse. A ella. En ese estado en el que no pensó en el laburo ni en el veterinario, quién sabe.
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