Una Venus callejera, una Venus sin hogar.
Carga una tina con agua y se sienta en el sillón callejero,
en el sillón sin hogar.
Dispuesto en la acera mirando
hacia la pared de una fábrica,
de espaldas a la calle por donde transitan
los coches en sus afanes cotidianos,
pasa de ser sillón a ser bañera.
¡Oh Venus morena! El agua se desliza
por tu cabello oscuro y
por la piel de tu torso desnudo,
mas nadie admira tu silueta femenina
en la fuente que improvisas
en aquel sillón abandonado.
Las miradas furtivas duran apenas segundos,
como si mirando a otro lado
se anulara la belleza de tu ser.
Te secas rápidamente y te vistes
con una blusa gris,
para regresar al anonimato de las calles,
no sin antes haber recuperado por unos instantes
la dignidad que otorga
la frescura de un baño.

Vivoluegoescribo
Escribir para expresar, aunque se vulnere el alma. Escribo instantáneas que observo en mis actividades cotidianas
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