Amor mío, ven a mí.
No hay tiempo.
Sólo ahora será.
Mañana, quizá no estemos ya.
Te lo digo mirando tus ojos:
revela tus secretos,
déjame sentir tu tacto,
tu piel ardiente,
el calor que emanas,
tu aliento tibio que roza mi ser.
Te lo repetiré una vez más:
amor mío, ven a mí.
Mis manos buscan la pasión que escondes,
mis ojos ansían la humedad de tu rostro,
tu espalda fuerte,
olas que se alzan y ceden al vaivén.
Quiero todo tu ser
fundiéndose en mi piel.
Voces silenciadas,
palabras que apenas se susurran.
Perder mi cordura
en el fuego de tus manos,
fuertes y ardientes.
Necesito saber
si tu deseo arde como el mío.
Te entrego este anhelo que me consume.
Un remolino de amor
que en mi estómago habita,
al imaginarte amándome,
y amándome ya.
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