Me pasé la vida buscando señales.
En las estrellas.
En las nubes.
En el sol.
En cualquier lugar donde pudiera mirar hacia arriba.
Pero las respuestas siempre parecían las mismas.
Nada.
A veces me pregunto si las señales existen solo para algunos.
Si hay personas elegidas…
y otras que somos apenas el resto de la creación.
La otra noche contaba estrellas.
Solo llegué a veinticuatro.
Quizás porque cumplí años.
O quizás porque estaba esperando que algo suceda.
Desde pequeño tengo la misma sensación:
mirar hacia arriba esperando entender algo.
Lo busqué en lo vasto.
En lo simple.
En lo cotidiano.
Pero nunca encontré una respuesta clara.
Al menos no una que pudiera entender.
Hoy volví a hacerlo.
No sé si el próximo año también miraré al cielo.
Pero hay algo que sí sé.
No busco una señal para saber quién soy.
Ni para pedir algo.
Solo quiero saber si estás ahí.
He vivido veinticuatro años sin una señal evidente.
Y, aun así, cada cumpleaños termino en el mismo lugar.
Esperando unas palabras tuyas.
Tal vez nunca lleguen.
Y, si soy honesto, quizá no las necesite.
Quizás eso...
ya signifique algo.
Porque cuando miro hacia arriba,
no puedo ignorar lo vulnerable que me siento ante ti.
Y tal vez esa vulnerabilidad
sea la señal más grande de que estás ahí.
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