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Vacío

prisma*

May 10, 2025

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Vacío
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28 de agosto de 2020

En estos veinte días que pasaron desde que te fuiste, descubrí que hay algo sobre la muerte que nunca nos cuentan, papá.

Algo inefable, que se palpa con todos los sentidos pero que no se comprende.

Cada día que pasa, cada videollamada o encuentro que recuerdo de los últimos meses, descubro con horror y fascinación que vos sabías.

En julio, una noche de sábado me llamaste a las once de la noche, a pesar de que habíamos hablado como todos los días por la tarde. Me dijiste que tenías miedo de no despertar, y nos reímos.

Tan dramático, pensé. Hablamos, hicimos planes poscuarentena y, como se había vuelto costumbre en estos últimos meses, nos despedimos con un te amo.

Te reconciliaste con mucha gente durante estos últimos meses. Y me hablabas de lo importante que era no guardar rencor.

Hablabas con una voz más baja. Decías que te habías dado cuenta de que gritabas mucho.

Tenías, cada vez más, una mirada que yo pensaba que era distraída. Hoy, en el recuerdo, me doy cuenta de que no era distracción.

Me mirabas así porque sabías.

Uno de los días que pasamos juntos en el sanatorio, me dijiste que no querías a mamá: que la amabas.

Sory, querer es poseer al otro, y yo no tengo eso con tu mamá. A ella la amo, libre, y eso me da todo. Vos amá, no quieras. Amar todo te da.

En ese momento supe que te estabas despidiendo, que me estabas enseñando lo último que me podías enseñar, y me tragué las ganas de llorar. Te distraje preparándote una tostada con mermelada y queso, porque vos sabías, y yo no quería saber.

La última vez que hablamos, te mostraste optimista para la operación.

“¿Esto?” dijiste, señalándote la cabeza en un gesto que me duele en el recuerdo “Es una pavada. Todo va a estar bien.”

Cuando nos saludamos con el te amo de siempre, me miraste.

Y al fin entendí.

Esa mirada no era distraída: era la nostalgia de la certeza. La epifanía sobre el final de esta vida tuya que dio origen a la mía.

Vos sabías, papá.

Hoy, paradójicamente tu ausencia llena todo y me desborda. No imaginé que el vacío podía estar tan lleno y ser tan pesado.

Nadie nos cuenta de esa desgarradora revelación que tienen algunas personas antes de irse.

Nadie nos advierte de que la muerte pesa más sobre quienes nos quedamos. O tal vez sí lo hacen, pero no queremos saber. Estamos muy ocupados con el trabajo, con las salidas, con la plata, con la nada misma.

Nadie entiende lo abominable de este vacío hasta que entenderlo es lo único que se puede hacer.

Durante estos días llenos de horas de nada, de inventar rutinas y de arrancar las hojas de la semana fatídica en mi agenda (como si eso cambiara algo, como si eso te devolviera a esta existencia), hubo momentos de gracia en los que entendí un poco de todo esto.

Entendí que quiero vivir y terminar esta vida como vos, papá.

Amando hasta el final, hasta que este pasillo estrecho se haga inmenso y me vuelva a despertar para verte, una vez más y para toda la eternidad.

prisma*

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