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Uno y variopinto.

Dolbach

Jan 13, 2025

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Uno y variopinto.
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...

Un respeto.

Tu tiempo vale tanto, vale todo, que cuando pienso que algunos días, unos ratos, lo dedicas a mí, a lo que escribo, me asusto un poco.

No quisiera que el tiempo que me das fuera un tiempo perdido.

Lo que hago, lo que escribo, lo pretendo para que te merezca la pena ese modo de estar conmigo.

Hacerte pensar, aclarar una duda, provocar otra, conseguir que en tu estar amanezca una sonrisa. Algo que no sea tirar lo tan valioso que es el tiempo, ese material indescifrable que compone la vida.

Ojalá.

Firmado: el ser Dolbach.

Dios no.

Tras siglos y siglos de humanos pensamientos, al igual que el sol calienta la superficie del mar y nacen nubes vaporosas que recorren del mundo el cielo hasta deshacerse en agua, así las imágenes que cada quien existido se hizo sobre algún dios, condensadas en un éter indefinido y difuso, se sustanciaron al fin cuando las condiciones se dieron favorables; y tal el aguacero fue que las divinas presencias, como gotas de una terrible tormenta, inundaron las tierras en un diluvio más grande que aquellos que por ahí se cuentan.

¡Y llovieron dioses!

Sumido el mundo en tal aluvión, la vida se tornó inviable pues al ser tan diversos los mandatos divinos, nadie acertaba el modo.

Y es que, de determinados polvos luego vienen los lodos.

¡Ay, Señor!

Llevo toda una vida, y las hay más cortas y más largas (no hablo de eso otro, pues el tamaño aunque importe no puede remediarse), toda una vida, digo, pensando en Dios. Al menos muchos ratos y desde muchas perspectivas.

Mi conclusión a día de hoy (quizás mañana tenga otra epifanía) es que no hay Ser Supremo que valga ni al que le importemos una higa.

Lo que hay en lo tan enorme desconocido es ignoto, sí, pero no omnisciente ni todopoderoso ni Amor ni Trino.

Lo que hay es energía, materia, antimateria, infinitudes enormes y pequeñas. Hay mucho, pero nada que a nosotros nos tenga en cuenta. Como ni tú ni yo damos importancia a un grano enmedio del desierto, así le pasa al Todo con respecto a nosotros.

Estar estamos, pero como casualidad derivada de la lógica de unas causas. Pero podríamos no estar, como no están nuestros no nacidos hermanos.

No, no hay Dios.

Firmado: El ateo Dolbach.

Que solo pide el brillo de la luz.

'Amor, es gozo estar de tu sonrisa observado, de tu caricia regalado, cumplido de tu amable trato'.

Así estaba y estuvo Anselmo, que plasmaba en papel y pensamiento la gloria de esos fugaces instantes tan eternos.

'Cuando nos miramos, nuestros ojos brillan en una profunda e insondable oscuridad'.

Duró lo que duran siempre estas cosas: un rato. Luego pueden romperse en pedazos o suavizarse en trazos lisos, rincones curvados.

En el caso de Anselmo no fue lo peor quedarse, inesperado, abandonado; fue el saber, sin duda, que nunca hubo lo que había vivido con tanta certeza.

Así como el creyente sufriera la decepción de saberse sin Dios al conocer de primera mano la muerte, si tal cosa fuera posible, así se sintió Anselmo cuando despertó de aquel maravilloso sueño. Tan maravilloso que despertar fue un infierno.

Fue verse como se ve el desahuciado. Fue sentirse como se siente el fracasado. Fue saberse como se sabe el acabado.

Fue, sí, una vela negra cuya luz hace reflejar la sinuosa forma del diablo.

Y es que el desamor, venga como venga, siempre es el azote de un látigo para un esclavo.

Firmado: El escritor Dolbach.

Al que más calienta.

Asoma el sol con su tímida sonrisa,

en el horizonte

como un despertar

a su propia claridad del día.

Pero no tiene arrestos hasta mediada la mañana,

cuando más alto vuela su lozanía.

No calienta no,

no por él,

que él es el mismo,

no es su calor el del verano,

no por su hacer, no,

que es por culpa de nuestro propio plano.

Así suele doler la ofensa,

no por la ofensa misma,

sino por como nos la tomamos.

El sol como nuestro amo.

Amo amigo, amo hermano.

Amor con el que ir de la mano.

Solo el sol nos hace posible.

Solo el sol nos salva del invierno.

Solo el sol nos quiere sin condiciones.

Hagamos lo que hagamos.

Estamos tan solos,

tan enmedio de nada,

tan exiliados,

que sin su calor,

ni color

ni mariposas

ni galápagos.

Sol en soledad,

entre millones de estrellas,

astro extraordinario.

Firmado: El poeta Dolbach.

Aquel gato ya murió.

Es mucho tiempo en la caja, así que la paradoja ya se sustanció en una certeza incuestionable.

Extraño mundo el mundo todo. Y si no comprendemos el cotidiano, imposible comprender el cuántico. Las cosas, viene a decir el gato, digo simplificando, son por interacción, no por sí mismas. Por sí mismas andan sin definirse, pudiendo ser de un modo o totalmente al contrario.

Con el minino sabemos que todo es cuestión de tiempo y que esa no sustanciación, al final (solo es dejar que pasen segundos o eones), se hace carne y habita entre nosotros.

Una persona no es siempre de un modo. Ni tú ni yo somos los que fuimos ni seremos los que somos. Esto sucede porque no somos cuánticos y estamos influidos por la interacción con la realidad prosaica.

Prosaica la llamo para distinguirla de esas otras realidades que están, por ínfimas, por enormes, por multidimensionales, lejos de nuestra comprensión y alcance.

En fin, que el gato ya ni huele. Quedó en momia repelente. Realidad asquerosa esa, se cuente cómo se cuente.

Firmado: El filósofo Dolbach.

A Barrabás.

Si tuviera la habilidad, la destreza, el arte, plasmaría en una pintura, en un lienzo, la masacre del mundo. Al planeta Tierra así como un Cristo crucificado, ensangrentado, zaherido, masacrado.

El sanedrín (el Capital) ha comprado al populacho y entre salvar nuestro único hogar o salvar nuestro dinero, nuestro lesivo modo de vida, hemos vuelto a elegir mal.

Y ellos siempre se lavan las manos.

Seguro que la Tierra resucitará al tercer día o al tercer siglo o al tercer milenio, pero nosotros habremos perecido sin salvación.

Firmado: El párroco Dolbach.

Se acaba lo que se daba.

Y no es que han dado nunca nada, que todo ha salido de la misma espalda. Cada céntimo que cada Estado ha gestionado provino siempre del trabajo del Pueblo. Nunca fue un regalo.

Regalo ganga ha sido para muchos aprovechados, y no precisamente hablo de esas paguitas que mencionan siempre los fachapobres. Dicho quede de nuevo que la mayor parte de las ayudas y subvenciones que se conceden desde arriba, arriba se quedan. Los ricos saben muy bien mover los resortes para beneficiarse de lo que está bien diseñado para que se beneficien.

Pues bien, eso seguirá así, y la Iglesia y la Casa Real y el Ejército y los grandes terratenientes y otros tipos de enormes fortunas, además de los políticos y sus alrededores, seguirán disfrutando del banquete público mientras para los de abajo, cada vez habrá menos migajas.

Se acaba eso del Estado del bienestar, porque para que ellos estén muy bien, nosotros tenemos que estar muy mal.

Salarios, condiciones laborales, Sanidad, Educación, pensiones, subsidios, Asistencia Social, sufrirán sin tardanza un menoscabo notable e imparable. Ellos se pueden inventar todas las crisis imaginables.

Dirán que no es sostenible que la abuela tenga un suficiente poder adquisitivo, pero al menos que la misa le salga gratis y pueda ver la Rey en un desfile y hablar tontunas antes de la cena de Noche Buena.

Ejército que no falte.

Escuelas taurinas.

Consejeros de designacion libre.

Algo para el cinegético alarde.

Amnistías fiscales.

Rescates de autopistas, aeropuertos y bancarias sucursales.

Se me olvida, seguro, algo de lo importante.

Y no eres tú, fachapobre, ni tú anciana madre.

Todo está escrito y muy bien atado.

MUERE ESPAÑA. Y Europa. Y el entero mundo.

Firmado: el anarquista Dolbach.

Solo esto.

No soy despertador ni profesor ni sabio (ni cura) ni filósofo ni manatí (es que no se me ocurría otra cosa); soy solo un ser pensante o un pensamiento con ser y escribo traduciendo a palabras lo que de donde sea nace.

Total que quien lea lo que plasmo puede hacer algún caso o ninguno, eso no es asunto mío.

Si despiertan o si duermen, si les da por pensar o preguntarse algo, allá cada quien.

Pero, que digo yo que ya que pienso, me parece un desperdicio dejarlo todo ahí adentro sin darle salida y que le dé el aire.

Solo es eso.

Firmado: El pensador nadie Dolbach.

Dolbach

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