uno vuelve siempre a los viejos sitios donde amó la vida
Aug 1, 2025

Está lloviendo en Santiago. Tuve que pasar a comprar un paraguas porque el mío se quedó contigo en Buenos Aires, como tantas otras cosas mías quedaron en ti, en tu recuerdo, en tu memoria, y caminar con un paraguas mientras llueve me destruye, porque ahora sólo quiero llegar a mi casa y refugiarme del frío, pero cuando estaba a tu lado eso era lo menos que me importaba: me importaba más estar ahí, recorriendo por todas esas calles, viviéndote, mirándote de reojo y sonriendo por tus lentes empañados; me importaba más tu presencia que estar empapándonos con esos baldes de agua que caían pasado el mediodía.
¿Cómo se puede estar tan triste en invierno? Yo también estoy mimetizada climáticamente.
Pienso en versos y se me escapan,
pienso en besos que quedaron guardados en mí
cuando te saludaba al verte llegar,
cuando me despedía al momento de partir,
y acá todavía llueve mientras te escribo,
y la ciudad se ve apenas en las ventanas de la micro,
y está todo empañado, todo borroso,
y estoy en mi capital y no en ese séptimo piso de Baires,
y estoy sola y no con tu presencia,
y es un año distinto y no te tengo
y añoro tu cercanía y añoro tu tacto
y recuerdo todo Palermo, todo Burzaco,
todo hasta darme cuenta de que uno vuelve siempre a los viejos sitios donde amó la vida,
donde me hiciste amar la vida,
y me enciendo un pucho y recuerdo otra vez:
¿en cuántos puchos más te tendré?
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