Un día sin previo aviso, sin que el destino diera señales, llegaste a mi vida. No hubo un momento magnífico ni una revelación grandiosa, pero desde aquel instante supe, aunque no pudiera explicarlo, que tú no eras alguien más, que tu presencia estaba destinada a quedarse. Fue como si el universo, en silencio, hubiera decidido unir nuestras vidas en un lazo invisible.
Al principio, todo parecía simple: palabras al viento, conversaciones sin importancia. Pero poco a poco, en cada gesto, en cada sonrisa, en cada momento compartido, se fue tejiendo un vínculo que nos unía, un refugio en medio del caos. Descubrí que contigo los días tenían un brillo diferente, y que incluso en las horas más oscuras encontraba consuelo al saber que estabas a mi lado.
Nuestra conexión creció como un jardín que nace en secreto, pero que un día florece y lo llena todo de color. Entre raíces profundas y ramas que se alzan hacia el cielo, aprendimos que estar juntos no era un accidente: era una elección, un acto de amor sin condiciones.
No siempre fue fácil. Pasamos por tormentas que nos sacudieron, por silencios que parecían abismos, por pruebas que hicieron dudar al corazón. Pero aun en esos momentos, había algo más fuerte que el dolor: la certeza de que ninguno de los dos podía dejar ir al otro.
Como si hubiéramos sido creados para sostenernos, volviendo siempre al mismo lugar: a nuestra relación pura, inquebrantable, a la relación que nos define. Tú eres mi alma gemela. Eres quien hace que lo cotidiano sea extraordinario, quien me recuerda que nunca estoy solo, quien me regala la ternura de una compañía que no se pide ni se exige: simplemente se entrega, con el corazón abierto.
He perdido la cuenta de los días especiales que llevamos juntos, porque contigo todos lo son. Y aun si la vida nos llevara por caminos distintos, aun si el tiempo decidiera cambiarlo todo, en mi corazón seguirás siendo lo más valioso que la existencia me dio.
Si tuviera que vivirlo todo otra vez, no dudaría en elegirte mil veces más. Te elegiría en cada vida, en cada mundo, en cada oportunidad. Porque contigo aprendí que la relación también es una forma de amar, y que amar en este sentido es el acto más puro, más inocente y más verdadero que existe.
Así que aquí estamos, celebrando un cumpleaños más, un año más de tu vida y de nuestra historia. Deseo, con todo lo que soy, que sigamos caminando juntos hasta el final de los días, hasta que no quede nada salvo esta certeza: que encontré en ti mi refugio, mi compañera de vida, y que nada ni nadie podrá cambiarlo jamás.
Te amo con cada partícula de lo que me conforma, feliz cumpleaños, bonita.
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