He tomado tanto que me teletransporté mágicamente a mi casa.
Me siento para destapar una cerveza y escribir algún pensamiento fugaz.
Mientras redacto, escucho una voz.
No sé de dónde viene, pero me habla.
---
= ¿En serio otra vez así?
Mirando a la nada, respondo:
—¿Cómo que así? Hace bastante que no pruebo una gota de alcohol.
Aparte, no he tenido una buena semana...
= Sí, ya sé. Vivo contigo.
—¿Conmigo? ¿Quién sos? ¿Dónde estás?
= Jajaja, se nota que estás muy ebrio, ni siquiera sabés quién soy.
—¡Basta con los juegos! Dejá de esconderte, esto no es divertido.
= ¿Qué estás escribiendo?
—No te incumbe lo que escriba, y dejá de evadir mis preguntas.
= ¿Otra vez estás triste? ¿Es por la misma razón o ya superaste eso?
—¿De qué hablás?
Balbuceé, confundido, con esa mezcla rara de enojo y tristeza que solo aparece cuando uno ya no entiende nada.
= Definitivamente es la misma razón.
Pensé que ya habías superado ese recuerdo...
O pensé haberte escuchado decir eso.
—¿Cómo sabés de eso?
= He estado todas las veces que estuviste así, nada más que estabas en piloto automático y por eso no te acordás.
Pero tranquilo, aunque no lo creas, logro entender tu tristeza.
—¿En serio...? Esperá... ¿quién rayos sos?
= Algunos dicen que somos sus mejores amigos, y creo que están en lo correcto.
—Esperá... ¿sos...?
Procedo a mirar debajo de la mesa.
= Sí, soy yo. Ameri. (mi perra)
Con una voz temblorosa, digo:
—Pero... ¿cómo es que podés hablar?
= Creo que ambos sabemos por qué estoy hablando, solo hace falta observar.
Asustado, le respondo:
—¿Acaso es por todo el alcohol que tomé?
Me miró fijamente, inclinó la cabeza —como preguntándose con quién hablaba—
y se volvió a dormir.
Recomendados
Hacete socio de quaderno
Apoyá este proyecto independiente y accedé a beneficios exclusivos.
Empieza a escribir hoy en quaderno
Valoramos la calidad, la autenticidad y la diversidad de voces.


Comentarios
No hay comentarios todavía, sé el primero!
Debes iniciar sesión para comentar
Iniciar sesión