mobile isologo
buscar...

¿Una partida? - El diablo

SELENE

Abr 21, 2026

14
Empieza a escribir gratis en quaderno

Al borde de mi vida, pude levantar la cabeza.

¿Qué es esto? No puedo ver bien porque tengo los ojos nublados, tanto llanto.

Un cuarto con luz cálida, no se ven las paredes pero hay una mesa y alguien sentado de un lado.

- ¡Ven!- me invitaba con un lenguaje corporal tan convincente. ¿Cómo puede alguien desde lejos y con solo una palabra lograr convencerme de dejar mi miseria un rato para acudir a su llamado?

Me levanto, tallo mis ojos para poder aclarar mi vista y alcanzo a ver un tablero sobre la mesa. Cuando veo su rostro, angelical sin duda pero inquietante, hermoso pero terrible, si esto puede tener algún sentido.

- Juguemos un poco, siéntate.

¿Ajedrez? no me gusta el ajedrez, sé cómo se mueven las piezas pero no siento interés de entender mucho más. Él sabe que sé mover las piezas pero parece ignorar que odio el juego.

Me siento y lo veo. Intento decifrar qué pasa. ¡Qué distractor tan grande sus ojos, son preciosos! Seductores.

- Moveré primero.- movió su primer peón - ¿qué pasa Selene, no quieres jugar? Tu tristeza no es mala y mucho menos la pereza mientras esta se va. Es increíblemente reparador no levantarte en todo el día. Sí, a veces puede ser más de un día pero ¿no sería bueno que te recuperaras? En ese caso qué importa que no hagas nada en un mes.

Medité un movimiento pero no quise mover absolutamente nada, qué pereza.

- Bah, sé cómo juegas, moveré la pieza por ti.- sí, era esa pieza- ¿Sorprendida? No te preocupes, sé lo reparadora que es la pereza. Además quién se interesa en lo que está sucediendo en el mundo que es tu mente. - movió otra de sus piezas- Tal vez si nos diéramos cuenta de lo inútil e innecesario que es todo lo que hacemos profundizando en nuestros propios pensamientos humanos, lograríamos darnos cuenta que no es necesario hacer nada.

Algo no suena bien en todo esto pero no logro decifrar qué es. Su cara parece tener cierta distorsión, aunque no deja de ser bello. Imagino qué movería en mi turno pero no he decidido hacerlo.

- Me encanta tu pereza, estás entendiendo bien.- Movió mi pieza.- Escuchas siempre el susurro de mi boca.

Cierro un momento los ojos y me llega la imagen de un ave. ¿Inútil e innecesaria?

- Dios dice que tiene contados nuestros cabellos ¿no es que hay un propósito?- Respondo y voltea, con las venas de la garganta saltadas y los ojos absolutamente negros. Toma un momento para respirar y se normaliza.

- Querida mía, ¿entonces por qué te duele lo que te duele? ¿de qué te ha servido confiar que todo forma parte de un propósito o amar tanto si siempre terminas en el mismo lugar?- dijo y movió la siguiente pieza suya.

Estoy entendiendo. ¡Qué incesante tentación! "Todo es rutinario, nada tiene sentido, no te esfuerces, no hay nada tan inútil como tu existencia" ¿Entonces qué da sentido a todo esto cuando Dios nos permite experimentar dolor? El amor.

- Ah, me reconociste - mueve mi pieza- lamento que te hayas esforzado tanto para nada. Para que nada valiera, una vez mas estás en el hoyo.- Sonrió, ya no hay una cara angelical, tiene zonas putrefactas. Su sonrisa es destructora.

- El amor tiene siempre propósito. ¿En la misma persona, en el mismo lugar, en el mismo momento? No lo sé pero por qué diría Dios que todo tiene un propósito si no fuera así.- Bajé mi cara, triste, no tengo respuesta.

- Porque crees que te ama pero es otro más con promesas sin cumplir. Otro que solo habla. Si hubiera menos idealización del amor y menos esfuerzo, menos dolería. Nadie espera nada de ti, a nadie le importa. No formas parte de nada, viajas sola. ¿Por qué no comer lo que te plazca?- movió su pieza, yo ya no sabía ni qué juego había en el tablero- ¿Por qué no dar rienda suelta a esos deseos que presumes tener tan ordenados? ¡Nadie te ve! Para nadie eres importante.- Su cara se distorsionó por completo, el ambiente se volvió incómodo tenebroso, terrible. Hacía calor, uno sofocante, sin tregua, me oprimía el pecho y me dejaba con el estómago hueco. Además un zumbido agudo, constante, ese sonido que te anuncia que tus tímpanos están por explotar.

- ¡Basta!- no podía más y elevé mis ojos al cielo llenos de tantas lágrimas que recorrían como cascada mis mejillas. Poco a poco el cuarto se aclaraba.- Dios, no sé de qué me sirve levantarme hoy, ni por qué debo esforzarme por hacer ejercicio o agradecerte lo poco que hoy siento que tengo. No sé por qué permitiste todo esto. No entiendo. Pero sí sé que tienes un propósito, que mis fallas y errores me los perdonas, que si en la vida no tengo una segunda oportunidad, Tú me la das. Me he dejado envolver en las tentaciones de no reconocer la dignidad que me regalaste, mi valor y el valor de mis actos. Que la tristeza es válida, que días grises son válidos pero que la voluntad bien forjada y orientada a ti da la fuerza suficiente para seguir, para reorientar, para reenfocar, solo Tú das la esperanza suficiente y tus planes son perfectos. El amor no se mide, se da.

Bajé la mirada, solo estaba el tablero de ajedrez, desordenado. La tristeza seguía ahí pero menos pesada, más dominable, con un propósito que aun desconozco pero que en Dios comprenderé.

SELENE

Comentarios

No hay comentarios todavía, sé el primero!

Debes iniciar sesión para comentar

Iniciar sesión