Los enormes ventanales llenos de lluvia
reúnen gente en el centro de la ciudad
Una mujer pasa por mi lado y saluda a sus amigas, limpiándose las botas.
Quisiera ser ella para tener su sonrisa e identidad.
Cuando cierro los ojos,
estos son como la acuarela:
pintan la punta de cada edificio
para no tener más noches en vela.
Los lugares que solo vi de lejos
se plasman en mi consciencia
para llenarme de color,
de esperanza para la supervivencia.
La profecía dice que el hilo se cortará
cuando yo camine sin dejar rastro
señalando rutas en el mapa,
luciendo un anillo que ya no sea nuestro.
Si para ese entonces soy una mujer nueva
habré visto que este cuento de fantasía
mudará la piel tanto como yo.
Aun así, esta historia jamás dejará de ser mía.
Siempre que me abrume este estilo de vida,
podré volver a leer el poema desde el inicio.
Pues, mis botas ya no están sucias;
me he alejado de todo vicio.
Es por eso que anhelo nunca olvidar
que las palabras siempre cicatrizarán heridas.
Así, el soliloquio narrador de sueños
estará conmigo en esta y en todas la vidas.
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