Quizás, estoy intentando
calzar un número
que no me pertenece,
ponerme un nombre
que no es mío,
nombrándome poeta,
en todo su esplendor.
Lo cierto es,
que soy una poeta
imperfecta,
incompleta,
sin rimas
ni sonetos,
sin versos estructurados;
pero,
con un alma que grita más
de lo que, alguna vez
pudo permitirse.
Y dentro de la incertidumbre,
lo único verdaderamente cierto,
es que solo soy una voz
que fue silenciada,
que no supo poner límites
cuando más debía,
que permitió humillaciones,
que pasaran por encima de ella,
hasta que se desvalorizó,
hasta ser sepultada.
Soy el rastro
de aquella voz,
que busca escapar
de los fantasmas
que quedaron atrás,
y de aquellos
que aún no se han ido.
Una voz,
que se volvió esclava
de aquellos fantasmas,
que, dentro del alma atormentada,
han calado tan hondo,
que se quedó sin uñas,
para poder escarbar.
No busco ser nombrada poeta,
busco un refugio
que finalmente
pueda llamarse mío,
un lugar donde pertenecer,
un espacio donde no deba fingir
ser quien jamás fui,
aquel rincón,
donde pueda encontrar quien soy,
y saber qué se siente,
por una vez,
sentirme yo.
Por primera vez,
busco un hogar,
busco permitirme
escuchar a aquella voz
que hace tiempo
eligió ser silenciada.
Por una vez, busco
permitir escucharme
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