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    Una día más

    May 28, 2024

    Una día más
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    Tengo los pies encharcados. No ha parado de llover en dos días, no he parado de llorar en una semana. Hoy salió el sol por la ventana de atrás, no pude verlo porque tenía los ojos cerrados. Cuando fui a abrir la puerta entraron los miedos y me desnudaron de pies a cabeza. Tengo la piel roja de tantos besos, tengo el corazón acelerado de verme otra vez.

    He salido de casa con miedo a encontrarme, voy en búsqueda de algo nuevo. Me respaldo en los mismos árboles de siempre. Dicen que tenemos suerte, que los lugares todavía no han aprendido a abandonarnos, dicen que tenemos suerte de poder olvidarlos. No sé cómo borrar de mi memoria tu boca; el paraje que más me hirió.

    Ayer escuché las paredes susurrar mi nombre. Estuvieron pronunciándolo hasta las tres de la madrugada. Sus voces parecían conocidas; creo que son de todos quienes alguna vez me hicieron daño. He llegado a la conclusión que el perdón es un poder. Que es el arma con el que puedo dispararme, perdonando a esos que mi hirieron, volviéndoles a otorgar el poder de hacerme daño. Es el puñal que atraviesa mis costillas, que llena mis pulmones de miedo. Los dedos que aprietan mi cuello mientras me susurra al oído que me ama.

    Las manos me pesan desde que he vuelto a escribir con fervor. Llevo el deseo dentro; de ser escuchada, de querer que alguien me encuentre, de encontrarme yo. Esta noche soñé con una amiga y me desperté llorando, porque ella dejaba de ser. Tengo mucho miedo de perder a quien más amo, más del que nunca tendré de perderme a mí. Supongo que es lo que pasa cuando llevas más tiempo en búsqueda que viviendo. Llevo el mapa de mi encuentro en el bolsillo izquierdo, el que está agujereado.

    Me curo el corazón una vez por semana, el jueves. Son los días que más deberían gustarme y son los que más daño me hacen. Parecen ser el eco de todo eso que pude haber tenido, de no ser así; valiente. A día de hoy he aprendido a ignorar el dolor punzante en mi espalda cada vez que me encuentro cara a cara con quien he dejado atrás. Querer en silencio no es ningún privilegio, es un martirio.

    Habré saltado sobre el borde del balcón, en otra vida. En otra, quizás, solo quizás, fui más feliz de lo que estuve triste. Sé que en otra, la más lejana, también tenía que escribir para sobrevivir. En esta, tal vez, tenga eso que más anhelo. Quizás me despierte cada día en un lado de la cama, notando al otro detrás. Quizás prepare dos cafés mientras me acaricia las mejillas. Puede ser que me ayude a lavarme la espalda, la piel, a curarme las heridas. Ojalá me escuche siempre que quiera leerle un fragmento en voz alta y esta le suene a poesía. A lo mejor, en esta vida salgo ganando.

    Hoy vuelve a amanecer, como cada día. Nada ha cambiado, yo sigo la misma, aunque muy diferente. Estas cuatro paredes siguen estando blancas. Mi pecho sigue ardiendo. Mi cuerpo, aún, no me ha abandonado.

    alina olaru

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