En mi vida escribí más de cien cartas, pero la única que no pude terminar fue la tuya;
En unos días es tu cumpleaños, quería felicitarte, decirte lo mucho que te amé y lo cercana que te sentí;
Quinientas palabras que no te dije, en una carta la cual no puedo terminar, no porque no quiera, sino porque no puedo escribirla sin terminar llorando en el piso de mi cuarto, sosteniendo mi pecho, y abrazándome a mí misma.
Pensé en enviarte flores, un collar o un anillo, sería lo más sencillo, pero esperaba poder darte eso que nunca pude; palabras, afirmaciones y amor.
Podría escribir libros enteros de lo que sentí en cada momento de nosotras, de lo mucho que brillaban tus ojos al verme o de la linda sonrisa genuina que se formaba cuando yo te veía, pero no podría enseñártelo, no podría ni siquiera acercarme.
Tal vez una llamada, un mensaje o un audio, pero sé que de todas formas lo estropearía.
Solo espero poder terminar mi carta y poner todo lo que no pude en tu corazón, con una tinta imposible de borrar, como la marca que quería dejar.
Te deseo una feliz vida, porque sé que la tienes, solo falta que aprendas a leer tu sonrisa y a escuchar tus carcajadas, allí entenderías porque lo digo y lo dije tanto tiempo.
Feliz vida, a la persona que me enseñó a amar de nuevo; J.
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