La construcción de un vínculo con una persona no es como un edificio, ni como una casa, ni como cualquier otra estructura de cemento.
Un vínculo es lo que va adentro.
Son los muebles, la alfombra, las cosas lindas que uno imagina que podrían quedar bien.
Unas cortinas hermosas.
Una mesa que combine con las sillas.
Es ese deseo de habitar algo juntos, de hacerlo acogedor, de que tenga sentido.
Pero una vez que eso está, hay que mantenerlo.
Hay que limpiar.
Hay que perfumar.
Todos los días hay que abrir las ventanas para que entre el sol.
Barrer la suciedad que se acumula con el paso del tiempo, o al menos reconocerla cuando está ahí. Tal vez dejarla un rato, pero sabiendo que en algún momento hay que sacarla.
Un vínculo también necesita momentos de cocina, de desayuno, de descanso.
Espacios compartidos, simples, donde no haga falta decir nada extraordinario.
Porque en los pequeños rituales también se construye el amor.
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