Menos mal que no me equivoqué con vos,
pese a tus berrinches cuando te generalizaba.
Querías que te viera único y atento,
pero no supiste sostener la teoría en la práctica.
Cada movimiento considerado
fue una inversión
movida por la expectativa de obtener algo a cambio.
Pero cuando aprendí a poner límites
y te ofrecí mi amistad sin grises de por medio que me pudieran lastimar,
la máscara no resistió.
No te tomó ni una semana empezar a mentir,
a ser vos.
Incluso disculpándote, con la excusa de no reconocerte,
tapando la gravedad de la mentira con un absurdo...
"cómo verás, no sé mentir", que me pareció idiota,
como muchas de tus últimas afirmaciones y creencias,
Tus disculpas no valieron nada,
no eran para mí,
eran para ver si vos te podías sentir mejor con vos mismo
porque tampoco podés negar lo que sos,
un desconsiderado, un tipo promedio que hace y deshace
y le da igual a quien lastima en el proceso
mientras pueda conseguir lo que busca.

Florencia Velázquez
Escribo como evidencia de que aún estoy viva. El libro está en proceso, lo actualizo cada vez que me inspiro.
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