Te extraño, y lo más extraño es no poder llorarte. Te extraño, y la angustia me corroe por dentro. Una angustia vacía pero profunda, casi imperceptible.
El dolor en este capítulo se apiadó de mi, pero la soledad me arrastro a sus sinfines laberintos, a sus cálidos y adictivos paisajes y sensaciones.
Contemplar tus fotos se me ha hecho un acto inconsciente, no porque la acción en sí misma sea frecuente, sino por su peculiaridad de lienzo en blanco.
Rememoro escenas pasadas a través de tus vídeos, los guiones se repiten una y otra vez en mi cabeza. Desespero al olvidar cada fino detalle con el pasar del tiempo.
El hogar donde florecian chistes y emergian carcajadas, ahora es tan solo un gran corredor blanco nítido. Suelo posar la mirada en él, deseando sentir la luz que nos envolvía, pero desde tu partida sólo queda vacío y silencios prolongados.
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