Un salto
Por Joel Godoy
5/12/2023:
¿Lo soñé o realmente lo viví? No sé, quizás no tiene sentido el viaje que estoy haciendo, quizás me mire con cara de que estoy loco y me manda a un psiquiatra (como hacen casi todos a los que les cuento), pero por algo también se contactó conmigo y me hace ir a su casa en Sevilla (de paso también conozco algo de Europa si termina saliendo mal). Hace un rato llegué al aeropuerto y, mirando el cielo de atardecer anaranjado a través del ventanal, pienso en esa tarde de domingo gloriosa que fuimos todos a festejar al obelisco. ¿Realmente eso pudo haber sido una alucinación? ¿No pudo haber sido real? Espero que este viaje me ayude a obtener alguna respuesta.
No soy de escribir mucho sobre mi vida, de hecho nunca he tenido un diario y tampoco sé si esto alguna vez alguien lo va a leer (si llegara a pasar va a pensar que estoy chiflado, ya sé), pero tengo que plasmar en algún lado este viaje y lo que me vaya a pasar. No sé bien cómo empezar, pero bueno, vamos a intentar: el 24 de diciembre del 2022 pasó algo muy, muy… raro. Pareciera que del 18 al 24 de diciembre mi mente sufrió alguna clase de delirio… o al menos eso creen los psiquiatras, porque a mí no me cierra. Yo siento y estoy seguro que el 18 de diciembre salimos campeones del mundo, pero ustedes, mis hipotéticos lectores, saben que no es así. Yo vi un partido que terminó 3 a 3 y que ganamos por penales, mientras que ustedes vieron un partido en el que en el último minuto Kolo Muani nos mete el 4 a 3 y perdimos la final. Ustedes habrán vivido una semana sumamente triste y desconsoladora, yo viví una semana de alegría extasiada. Ustedes habrán vivido una nochebuena con melancolía, pero yo estaba en un mundo en el que habíamos salido campeones, estábamos contentos.
A la semana del campeonato, en Nochebuena, fuimos con mis viejos a lo de mis tíos a celebrar la navidad, en donde pusieron en la tele la repetición de la final que pasaban en TyC Sports. Aunque los demás lo vieron de pasada, yo lo vi completo, nervioso como si fuese un partido en vivo. Sufrí el empate, me alegré cuando nos volvimos a poner en ventaja y volví a sufrir cuando nos empataron. Pero pasó algo…
Íbamos en el minuto 122 y medio. Como todos sabemos, Otamendi rechaza la pelota y le queda a Konaté en la mitad de la cancha, que la para de pecho y manda un centro para nuestro arco, que pica y le queda a Kolo Muani frente a frente con el Dibu Martínez, mano a mano para definir. Yo sabía que esa pelota la tapaba el Dibu y que gracias a eso salimos campeones, pero cuando estoy viendo la transmisión… la pelota entra. Quedé en shock. Estaba viendo la tele, los franceses festejando y el marcador cambiaba a 4-3. Enfocan a Messi triste, desolado. Miré alrededor de la mesa y estaban congelados todos, no se movían, eran como estatuas. La transmisión seguía, yo continuaba en shock, no atinaba a hacer nada, estaba paralizado. Parpadeé y al abrir los ojos ya no estaba en la casa de mis tíos viendo el partido, sino acostado en la cama de mi habitación con el celular en la mano, viendo un resumen del partido, justo en la jugada de Kolo Muani. Se veía el marcador 4 a 3 y a los franceses festejando.
Me levanté desesperado y arrojé el celular al suelo. Estaba temblando y sudando y fui a la cocina, donde estaba mi familia cenando.
—¿Qué pasa? —me preguntó mi mamá, evidentemente preocupada por mi aspecto.
—¿Qué pasó? ¿Por qué no estamos en lo de la tía? No entiendo, ¿esto es una pesadilla? —pregunté y se miraron incómodamente.
—No quisiste que vayamos, estabas bajoneado por lo del mundial —respondió mamá—. ¿Estás bien?
—¿Pero por qué iba a estar bajoneado si salimos campeones del mundo? Todo eso que vi tiene que estar editado —respondí.
—Me estás preocupando.
—¡¿Salimos campeones o no?!
—No, no salimos campeones —responde mi viejo, muy incómodo—. Nos la ganaron en el último minuto, ¿tenés fiebre o qué pasa que estás delirando?
—¿Con gol de Kolo Muani?
—Sí.
—Pero esa pelota la tapó el Dibu, ¡no entró! Nosotros habíamos salido campeones del mundo, ¿qué pasó?
—Te vamos a llevar a la guardia —dijo mi mamá decididamente.
—No, no puede ser, yo fui al Obelisco a festejar hace una semana… esto tiene que ser una pesadilla.
—Voy a prender el auto y lo llevamos —dijo mi viejo.
—No, no, no puede ser, es una pesadilla —dije y me desvanecí. Desperté en un hospital, desorientado y confundido. Estuve en observación y los médicos creyeron que tenía algún tipo de delirio, pero nada grave que requiriera seguir internado así que a los pocos días me dieron el alta. No volví a visitar un psiquiatra ni un hospital.
Durante las siguientes semanas busqué incesantemente en internet, publicando en foros, blogs e incluso me hicieron una nota en Crónica. No podía aceptar lo que me decían, no podía no haber vivido el ser campeón del mundo.
Nada pasó durante muchos meses y comencé poco a poco a aceptarlo: quizás me había vuelto loco, quizás realmente nunca había vivido esa semana, quizás tuve alucinaciones tan vívidas que las experiencias me parecieron completamente reales.
Sin embargo hace un mes un amigo argentino que vive en España se contactó conmigo. Me dijo que un jugador de la selección que juega en España vio mi aparición en Crónica y consiguió su número. “Quiere verte”, me escribió. No podía decirme quién era, solo que estaba en Sevilla y que me invitaba a su casa. Con mis pocos ahorros programé un viaje hacia esa ciudad, a donde estoy yendo ahora mismo, esperando a embarcar. Mañana lo voy a ver, supongo que escribiré mañana a la noche o pasado mañana sobre lo que hablemos… y espero haber tenido una respuesta satisfactoria.
7/12/2023:
Hallé la respuesta, pero estoy triste. Ayer aterricé muy temprano en la mañana en el aeropuerto de Sevilla. A la salida había un hombre con un cartel con mi nombre escrito, era el chofer que me llevaría hasta la casa del jugador.
Después de media hora de viaje llegamos a la casa, que estaba ubicada en las afueras de Sevilla. Era un vasto predio, con un gran jardín adelante y atrás y con una casa moderna en el medio. Un empleado de servicio me hizo entrar y esperar en los cómodos y anchos sillones del living, por cuyos descomunales ventanales se veía todo el paisaje de la zona.
Finalmente, apareció. Era el Papu Gómez, aunque ya no con el corte de David Beckham sino que con el pelo más largo.
—¡Papu! —dije sorprendido— Perdón, Alejandro —me corregí, extendiendo mi mano para estrechar la suya.
—Me podés decir Papu, no hay problema —respondió sonriendo y estrechando mi mano.
Nos sentamos en los sillones uno frente al otro. Hizo una señal con la mano y sus empleados se marcharon. Quedamos solos.
—Te vi en Crónica —me dijo.
—Sí, bueno —dije avergonzado—, fue un reportaje medio raro, creo que me había vuelto loco en ese momento.
—Si pensaras eso, no hubieses venido hasta acá.
—Nunca me cerró del todo esa explicación, te soy sincero.
—Porque nunca estuviste equivocado —dijo con seguridad.
Me quedé tieso.
—Decime —continuó—, ¿cómo fue bien lo que te pasó? ¿Vos viviste que salimos campeones en Qatar?
Le conté toda la historia con lujo de detalles, cosa que no pude hacer en mis cinco minutos en Crónica.
—Ahora entiendo lo que pasó —dijo como pensando en voz alta.
—¿Cómo?
—Tus dos yo de las dos realidades vieron la jugada al mismo instante y se intercambiaron de alguna forma, pegaron un salto.
—No entiendo nada.
—A ver, supongo que habrás escuchado rumores de que yo hago brujería, ¿no?
—Emm, sí, algo escuché pero obvio que nunca lo creí —dije incómodamente, no sabía cómo responder.
—¿Supongo entonces que habrás escuchado también que yo había hecho brujería para jugar el mundial en vez de Lo Celso?
—Sí —dije otra vez sintiéndome incómodo.
—Bueno, no hice brujería por eso, sino por otra cosa. Había una maldición sobre la selección argentina.
—¿Eh, una maldición?
—¿Sabías cuándo debutó en el periodismo el colorado Liberman?
—No, ni idea.
—1994, el año que empezó la maldición, empezando por el doping a Maradona. Por eso le llaman “la maldición del colorado Liberman”.
—¿Es una joda no? ¿Me estás boludeando? —respondí algo airado, creía que me estaba burlando.
—Es un antiselección, siempre lo fue y lo sabes. Él conoce sus poderes de colorado mufa, que usó desde el principio para que no salgamos campeones y hacer una carrera criticando a la selección. He tenido que realizar múltiples ritos para contrarrestar su poder y que podamos ganar la copa América en 2021.
—No puede ser, es demasiado falopa —dije.
—Vos lo viviste y no sabés cómo explicarlo, tenés que creer.
—Pero entonces no te salió, no ganamos el mundial.
—Sí, pero no —comenzó a decir—. Mirá, para ganar un mundial ya era otra cosa, no me daba para poder romper la mufa como hice en la copa América. Tuve que escindir en dos la realidad, en un universo se rompió la mufa de los mundiales y en otro no.
—¿Y algunos quedaron en una realidad y los demás en la otra entonces?
—Exacto. Los yo de cada uno de nosotros se escindieron en dos, quedando cada uno en una dimensión distinta. Vos sos el de la otra realidad, la campeona, y por alguna razón hiciste un salto de una realidad a la otra, probablemente por un contacto interdimensional cuando tus dos yo vieron en el mismo instante esa jugada.
—¿Eso quiere decir que podría llegar a volver alguna vez allá?
—No, es imposible. Fue un evento demasiado improbable y a poco tiempo de que haya ocurrido la escisión, ya a esta altura el tejido del espacio-tiempo se tiene que haber cerrado.
Me entristecí.
—¿No hay alguna forma de volver? ¿Al menos temporalmente? —pregunté.
—Quizás… quizás —dijo pensativo—. Podríamos volver momentáneamente por unos minutos a un momento específico al menos, eso podría ser. ¿Te interesa?
Asentí con la cabeza
—Bien, a ver cómo podemos hacer —continuó pensando unos momentos—. Seguime.
Se levantó, comenzó a caminar y lo seguí. Fuimos por un largo pasillo y entramos a la última puerta. Adentro estaba oscuro y, cuando prendió la luz, se vio un descomunal ambiente pintado de blanco y completamente vacío, con excepción de algunos almohadones y una pequeña mesita al ras del suelo. Nos sentamos en los almohadones y abrió un cajón de la mesita, de donde sacó un mortero, un machacador y unas hierbas, que luego comenzó a machacar.
—Un mechón de pelo —dijo.
—¿Eh?
—Sí, necesito un mechón de pelo tuyo. Arrancate uno.
Lo miré con desaprobación pero me arranqué el mechón. Con algunas lágrimas en los ojos se lo di y lo agregó al mortero.
—¿Qué vas a hacer? —pregunté.
—Es posible que tengas en tu cuerpo una conexión aún con la otra dimensión, por más pequeña que sea. Si aún la tenés vamos a poder saltar hacia allá por unos minutos.
Prendió un fósforo y lo tiró en la mezcla. Entré en trance instantáneamente y aparecí en el Lusail. Estábamos con el Papu en la tribuna, rodeados de argentinos y franceses. En la cancha Montiel está a punto de patear el último penal, es decir que volví a mi realidad original, esa donde la pelota de Kolo Muani no entró y fuimos a penales. Todos estaban nerviosos y expectantes, si entraba esa pelota éramos campeones del mundo. Montiel patea cruzado y mete el gol. Todos los argentinos festejamos, nos abrazamos, gritamos por un buen rato. Ahí es donde vuelvo a la casa del Papu Gómez. Lloré y lo miré a los ojos.
—¿No puedo quedarme ahí? —dije.
—No podés, lamentablemente. Si se pudiera yo también lo haría, pero no es posible —me responde.
Me entristecí.
—Pensá que todos nosotros vivimos una realidad en la que perdimos, vos al menos nos viste campeones. Incluso tu yo del otro universo está en un mundo en donde Argentina salió campeona, pero él en realidad nunca la vio, solo vio las repeticiones. Vos, además, la pudiste ver dos veces.
Sentía un sabor agridulce. Estaba algo contento por haber resuelto el enigma y haber vuelto a mi universo al menos por unos minutos, pero quería quedarme ahí. Luego de esto le agradecí todo y me despidió. Su chofer me llevó de nuevo a la ciudad.
Mientras escribo esto, siento melancolía por no estar ahora en la realidad que salió campeona, pero a la vez siento alegría: a diferencia de todos los que están en este mundo, yo lo pude vivir al menos… y dos veces.
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