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Un ruido sin alas.

Seraphiel

Jun 4, 2026

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Un ruido sin alas.
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A veces cuando la niebla se vuelve densa, siento como si algo en mí se perdiera, caminando sin rumbo alguno en un sendero donde solo se ve la luz inexistente, pero que está ahí de alguna manera. Es enfermizo, extraño y lleno de cicatrices invisibles que se encuentran debajo de la piel tensa de sufrimiento.

Por eso existe un caramelo, uno que metemos en el pastillero que viene sola, o acompañado de varios suplementos.

Extrañamente, los primeros días se sintió como el infierno. Ansiedad, terror, temblor y taquicardia. Al otro náuseas, y un rechazo absoluto a la comida que me servían de frente. Era raro, muy raro. Posteriormente no oía nada. Los zumbidos y los murmullos desaparecieron y, con ellos, mis emociones, que parecían cada vez más ausentes.

Pero no todo siempre viene con sorpresas, algunas veces pasan por tu lado sin que les importe que los veas, haciendo que tu cuerpo baje más de lo pensado, y tu energía se extirpa como si de una mala plaga se tratase.

Mi experiencia es un poco vanidosa. Pero en ella cargo un dolor que pocos valoran, y un amigo silencioso que arrancaba las plumas de mis alas para meter más papeles en mi cabeza, como si tuviese una oficina clavada en la frente. El líbido se fue hasta el subsuelo, nada que me sorprenda pero si me alegra. ¿Pero dónde quedó la creatividad que me llenaba hasta las orejas?

A veces los días se alinean, y pasan cosas que no logran entender dentro de mi cerebro.

Mi ansiedad vuelve catastrófico todo lo que veo, las tareas se acumulan y las ganas de continuar se drenan como el desagüe en contra corriente.

Miremos el lado bueno, gracias a eso siento que no sobrepienso. O eso pensaba, cuando luego de tres semanas el ruido del murmullo volvió sin penas. Pero algo me llama la atención, no siempre parece quedarse en un rincón, sino más bien se esconde detrás de un armario esperando un momento vulnerable para aparecer como si fuese un invitado más en este baile.

Los dolores de la matriz de mi cuerpo y los malestares que se acumulan en mis adentros me presentan otro visitante indeseado: una nueva medicina que reclama su lugar en el pastillero.

Entre una cosa y otra, a veces pienso como llevará a cabo esta anomalía, que no es más que un momento ordinario que me hará bien dentro de los cabos. Los médicos acumulan recetas, y yo camino dentro de la recta que me guían, tratando de sanar lo que mi cuerpo intenta controlar. El lado bueno de mi experiencia, es el hecho de que cosas buenas se avecinan, y son esos mismos los que me hacen sentir que vale la pena estar vivo.

No puedo contar mucho sobre mis encuentros, porque bien dice el dicho, lo que no ocurrió todavía, no se dice hasta cumplirlo. Porque para el ojo ajeno, la mala suerte se pega como una maldad imposible de quitar, y aunque mi vida intenten modificar, no habrá pensamiento que en mi puedan sobornar como si de una jauría comprada en lo ilegal.

Mi cuerpo es mi decisión, y solo yo sé lo que es escuchar esa canción estruendosa.

Porque no muchos entienden mi dolor, solo acompañan con la certeza de tener la razón. Exagere o no, hay cosas que no pienso negociar. Pero mientras tanto, solo continúo en mi pesar, mientras pienso qué dirección tomar.

Seraphiel

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