Cerca de usted soy más humano que nunca: débil, pequeño. A su lado se me escapa la conciencia de lo universal, la idea de la muerte, y me enredo de manera imparable en la pequeña preocupación de que no me quiera o en la terrible fuente de ansiedad que es desearla. Mirando la mañana Yolombina comprendo que soy infinito, que todas estas cavilaciones no tienen sentido cuando las elevo al plano de lo trascendente. Soy un mortal, un animal como cualquier otro, una pequeña expresión de la relatividad y una entre las infinitas manifestaciones de Dios.
Muchos antes de mí han vivido y muchos otros vivirán después de mí. ¿Qué significan mis afanes frente a la eternidad del tiempo y la inteligencia que emana de todas las manifestaciones de lo viviente?
Ante la mañana llena de plenitud, pienso estas cosas, sonrío y soy feliz.
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