Papá,
tu nombre vive en mis días
como una palabra segura,
como un refugio que no se cae
aunque el mundo tiemble.
Fuiste la voz firme
cuando el miedo me hablaba fuerte,
las manos cansadas
que nunca soltaron las mías,
el silencio sabio
que decía más que mil discursos.
Te vi luchar sin aplausos,
amar sin condiciones,
dar sin medir el cansancio.
Te vi convertir el sacrificio
en acto de amor,
y la responsabilidad
en una forma de ternura.
Tus pasos marcaron mi camino
antes de que yo supiera caminar.
Tu ejemplo me enseñó
que la fuerza no siempre grita,
que a veces se inclina,
trabaja, espera
y sigue adelante.
Papá,
gracias por cada día
en que pusiste mis necesidades
antes que las tuyas.
Por cada noche de desvelo,
por cada preocupación escondida
detrás de una sonrisa.
Si hoy sé levantarme,
es porque aprendí de vos.
Si hoy sigo creyendo,
es porque nunca dejaste de creer en mí.
Si hoy soy quien soy,
es porque en tus gestos simples
construiste mi carácter.
No siempre supe decirte gracias,
no siempre entendí tus silencios,
pero hoy los abrazo
con el corazón lleno.
Hoy reconozco tu amor
en cada recuerdo,
en cada enseñanza
que vive en mí.
Papá,
tu amor es una raíz profunda,
invisible pero eterna.
Y aunque el tiempo pase,
aunque cambien los caminos,
siempre voy a llevarte conmigo
como un orgullo,
como una guía,
como el primer amor que me enseñó
a ser fuerte y a amar.
Gracias por todo, papá.
Por ser hogar,
por ser ejemplo,
por ser amor.

Lily
En este espacio personal mis pensamientos, sentimientos y la naturaleza se desarrollan y crecen juntos.
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