“Mundo sin maravillas”, eso digo
mientras el sol golpea mi rostro,
o al menos eso he repetido
desde el día en que rompieron mi corazón
y dejaron sus pedazos escondidos
entre recuerdos que aún me persiguen.
El amor me desgasta.
Veo personas pasar amándose sin miedo,
tomándose de las manos
como si el para siempre realmente existiera,
y siento envidia
aunque en el fondo sé
que no es envidia,
es tristeza.
Tristeza de no haber sido suficiente
para que alguien decidiera quedarse eternamente.
¿Por qué amar es dejar ir?
Yo jamás quise alejarme de tu lado.
Jamás imaginé que amar
significara verte marcharte cobardemente
hacia los brazos de otro amor,
dejando nuestras promesas caer
como miles de gotas de lluvia
deslizándose lentamente sobre mis ojos.
Camino saltando entre los charcos,
levantando mi vestido azul,
ese que compré imaginando
que dirías que me veía bonita.
Las calles poco a poco
empiezan a recordarme menos a ti,
y tal vez eso sea el amor:
aprender a caminar sin que duela cada esquina,
sin buscarte en cada rostro,
sin pronunciar tu nombre dentro de mi cabeza.
Tal vez amar también sea elegir
dejar de sufrir
por alguien que nunca supo lo que era amar.
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