Un grito de gol en el 2-2 me hizo temblar las piernas, activarlas y salir a correr.
Un jugador que se transforma en un personaje místico y nos guía hacia el encuentro de una esperanza nueva por encender.
Nos regala una entrada de tiro libre o de bolea en el arco del rival en pos de una victoria dedicada a la tierra en que nacimos.
Una mirada panóptica de una persona que camina la cancha para entender mentalmente el juego y se vuelve el eje central del grupo.
Con el reconocimiento y liderazgo alimentado por sus compañeros, convierte a la Argentina silenciosa en un animal feroz agazapado que te devora. Y por consecuencia, renace un grito que se transforma en el desahogo de los frustrados y oprimidos.
Señores, no tengan miedo, refunden el orgullo argentino y triunfen.
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