¡Bienvenidos!
Bueno, tal como ya lo descubrimos en el copete, esto no es otra cosa que un blog. Uno más que se suma a la infinidad de los intentados por millones de personas. Ni siquiera puedo prometer nada original, principalmente porque ya no hay nada original bajo el sol; y sobre todo porque quizá nunca lo hubo, como ya lo denunciaba "siglos ha" (que bella era esa expresión, hoy desaparecida del idioma), el Eclesiastés.
Iba a encabezar este primer posteo el santo que me acompaña desde hace ya un par de décadas en mis aventuras -y desventuras también- por las redes, el bueno de San Jorge (algún día le dedicaré otro textito), pero la idea de que me encuentro en el mismísimo primer día del año me llevó hacia Jano, el dios bifronte del mes en el que estamos. Creo recordar que hace muchos años ya escribí algo sobre él en alguna publicación electrónica que el tiempo ha borrado como el caminito del tango, aunque con muchísimas menos posibilidades de resucitar como paseo turístico algo sobrevalorado. Sea que así fuera o no, comienzo a desandar el camino para dedicarle un ratito.
Hace muchos años, comenzando mi carrera, quería nutrirme de cierta erudición que por entonces consideraba necesaria para lo que imaginaba sería mi futuro desempeño profesional. En ese contexto compré algunos libros muy baratos, de una ignota editorial Olimpo, que editaba ensayos sobre diferentes mitologías del ancho mundo. En particular, compré el de mitología griega, otro de mitología romana, y uno más sobre mitología nórdica que Poncho se ha dedica a masticar en sus puntas siendo cachorro. El autor de los dos primeros es un tal Francesc L. Cardona, quien hasta ahora imaginé francés (¿lo habré asociado con Cantona?), pero que mientras escribo esto me doy cuenta que el nombre parece ser más bien catalán, y una rápida busqueda en la web así lo confirma, junto con su nombre completo: Francesc-Lluís Cardona. La edición que tengo, en particular, es esta.
No pequeña fue mi desilución entonces cuando, finalizado el primer tomo dedicado a los griegos (que me encantó) comencé con este dedicado a los romanos para encontrarme con que ya no se contaban historias maravillosas sino principalmente la historia mítica de Roma desde su fundación -Rómulo y Remo, el rapto de las sabinas, y los primeros reyes y esas cosas. Hoy me alegra haberlo leído igual, y al final terminó interesándome mucho, pero en su momento, cuando comencé la lectura, recuerdo que quería otra cosa. Sin embargo sí hubo algo que en su momento me fascinó y fue leer la explicación de los meses, de donde venían los nombres de cada mes, porque algunos tenían 31 y otros 30, y por qué octubre, noviembre y diciembre no son los meses octavo, noveno y décimo como cualquiera que se hubiese detenido a pensarlo esperaría (pero por lo general no nos detenemos a pensar por qué "agosto" se llama así).
No voy a detenerme a explicar cada mes porque de acá puedo sacar algunos otros textos cuando me quede sin ideas, lo que espero que suceda a partir de febrero al menos. Bien, allí fue cuando me enteré de la existencia (al menos como idea) de Jano, Janus, y no solo entendí por qué en todos los idiomas "enero" empieza con "j" (january, janvier, janeiro) sino que también comencé a interesarme por este dios con dos caras, que miran al pasado y al futuro, pero que también miran hacia el adentro y hacia el afuera. Aprovecho a avisar a mi estimado lector que a continuación tenemos algunos párrafos de falsa erudición: pueden ahorrárselos si ya se han sentido bienvenidos hasta aquí.
Según cuenta Cardona, los pueblo itálicos primitivos iniciaban su mes en marzo, dedicado a Marte, y lo que para nosotros son los meses de enero y febrero eran "meses muertos", lo que dejaba de tener sentido en el invierno boreal campestre. Fueron los etruscos quienes introdujeron a Jano, pero el año continuó comenzando en marzo hasta que (al parecer) una necesidad adminsitrativa de adelantar unas elecciones de magistrados ubicaron a este mes con el principio del año, lo cual debería servir como una advertencia de no cargar demasiado los simbolismos que anudan el comienzo del año con las dos caras de Jano y su función de guardián de las entradas. Según el diccionario de símbolos de Chevalier, este dios, de un antiquísimo origen indoeuropeo, también fue considerado un dios primordial, creador de los dioses y del cosmos, y desde entonces guardián de las puertas y de todo nacimiento: ya sea del año y de cada mes, de cualquier empresa, de los hombres y de sus acciones -serán las vestales quien, contrariamente, presidirán su finalización. Además, este doble rostro significa una vigilancia tanto de las entradas como de la salidas, el interior y el exterior, el adentro y el afuera, la izquierda y la derecha, el arriba y el abajo, y los pros y los contras: un dios cuyo señorío se extiende sobre lo dicotómico.
La mayoría de las representaciones de Jano muestran su cabeza con dos caras, que recuerdan al mal llamado "andrógino" del Banquete. Pero cuando se lo representa entero, como en la foto que encabeza el texto, tiene un cetro y una llave (en nuestra foto, una esfera con el "365"). El cetro era para alejar a los que no pueden pasar, la llave para abrirle a los que sí pueden hacerlo. Curiosamente, esta representación recuerda a San Pedro, el primer papa, que también suele ser representado con esos atributos. No pude evitar ver qué pasaba si uno googlea "San Pedro Jano" y parece que esta asociación ya tiene algún recorrido, como en la iglesia de San Pedro de Etxano o de Echano. Dejo aquí más información sobre esto último.
Bien, no vamos a extendernos más por hoy. ¡Ojalá vuelvan por aquí! (y se encuentren nuevos textos).

Víctor
¡Bienvenidos! Espero que mis ideas les resulten interesantes o divertidas, aunque probablemente no se sobrepongan a cierta trivialidad. Esa es la idea.
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