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Un amor para mí.

Ella

Jun 26, 2026

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Un amor para mí.
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Un diluvio, 6:30 a. m., nubes por doquier. Corro con apenas ropa que se me pega al cuerpo con la insistente lluvia que me empapa el pelo, el cual se me pega a los extremos de la cara. Llego al campo, corriendo con un rosario entre las manos. Estoy llorando, no hay consuelo. Llego al descampado, me quiebro, mis rodillas ceden y caigo ante el inmenso cielo cubierto.

​De repente, se abren las nubes, solo un poco, lo necesario para que me rodee un pequeño rayo de sol, de luz, un rayo de súplica.

​Aún arrodillada, aún llorando, aún empapada...

​Suplico.

Un amor que me quiera solo auténtica

Que no me haga trampa y nunca use tácticas

El que no me haga sentir problemática

Un amor para mí, un amor

​Por favor

​Un amor para mí, un amor.

​Y luego de mis ritos, el cielo vuelve a cerrarse, el viento ruge, la lluvia abraza, y él, entre las sombras, se lleva la mano al corazón, presenciando lo más bello que ha visto desde que nació.

​La mira alejarse, ve a aquel ser alejarse como llegó: llorando, corriendo, con el pelo pegado a los extremos de su cara y la ropa adherida al cuerpo.

​Algo lo empuja hacia ella; corre y la toma del brazo, y de sus labios solo le sale preguntarle si se encuentra bien. Pero al mirarle a los ojos, bajo aquella tormenta, bajo las sombras de su pena, confirma sus sospechas. «Un ángel», se dice a sí mismo.

​Ella se suelta y se va, pero él, más decidido que antes, vuelve a tomarla del brazo y la gira hacia él para que le vea a los ojos, para poder volver a ver sus ojos, contemplar su rostro, confirmar que aquel ser es real.

​De repente, el cielo se abre una vez más, en torno solo a ellos.

​El sol los apunta, a ella a los ojos, y él comienza a escuchar los ritos dichos por ella hace solo unos minutos.

​Los escuchan nuevamente y están por todos lados, con eco: en el cielo, en el espacio, en el aire, en la tierra, en él.

Un amor que me quiera solo auténtica

Que no me haga trampa y nunca use tácticas

El que no me haga sentir problemática

Un amor para mí, un amor

​Por favor

​Un amor para mí, un amor.

​Y cuando los ritos terminan de escucharse en el simple oxígeno, el cielo vuelve a su forma original, se cierra para ya no abrirse, y los deja a los dos en la oscuridad de una mañana nublada.

​Ella, sin dejar de mirar sus ojos, se da la vuelta y se va, abrazándose a sí misma.

​Y él solo logra llevar su mano al corazón y volver a ese mismo descampado cada día de lluvia a la misma hora, rezando por volver a escuchar aquel canto sagrado, aquella misa no registrada, aquella marca del destino.

Ella

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