¿Por qué no me dejas entrar otra vez?
Esa pregunta me acompaña siempre, no me deja dormir. Siento punzadas en el pecho cuando recuerdo cómo cerraste aquel mundo para mí: ese lugar donde podía abrazar tus vulnerabilidades y curar tus tristezas.
Aquel espacio sagrado donde solo éramos tú y yo frente al mar, mirando cómo las olas chocaban entre sí. Los recuerdos me arrasan cada vez que lo evoco. No sabes cómo me siento ahora. Camino entre la bruma esperando verte; sé que estás aquí. Todavía te siento. En mis sueños puedo tocarte, fundirme en ti, alcanzar el éxtasis que anhelo.
He deseado tanto rozar tu piel y llenarla de mí. Sé que existes, aunque ya no pueda verte ni tocarte: te siento dentro, latiendo en mí.
Seguiré yendo a esa puerta vacía, esperando el instante en que vuelvas a abrir. Solo deseo encontrar otra vez esos ojos que me atraviesan con una mirada. Solo yo deseo estar contigo.
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