En la penumbra de mi habitación
aquella sombra me vino a visitar.
—¿Por qué lloras tanto?—
—Cállate, déjame en paz.—
—¿No te das cuenta de la verdad?—
—¿De qué hablas?—
—No lo lograrás.—
Rendido en el suelo, me di cuenta de que no quedaba más:
solo aquel triste ser y la sombra que demanda su mal.
—Déjala ir.—
—No quiero.—
—Solo le haces daño.—
—No puedo ser perfecto.—
—Idiota.—
—¿Por amar?—
—Por romper la única alma que te quiso escuchar.—
—Quiero esforzarme y cambiar.—
—Eso no será fácil.—
—Nunca dije que lo será.—
Consciente de aquel reloj que atormenta mi cabeza,
estoy buscando exorcismo a un fantasma que no me deja.
—¿Ves? No puedes sanar.—
—Ella merece más.—
—¿Y más le puedes dar?—
—No sabes lo que sufro.—
—Y ella no es responsable de lo que sufres.—
—Lo sé.—
—La lastimas, ¿no ves?—
—Ella sigue aquí.—
—No por mucho, si sigues así.—
—No quiero verla partir.—
La frustración de querer cambiar y terminar igual
es semejante a quien apuesta todo para nada ganar.
Aquí me hallo deprimido en mi habitación,
junto a aquella sombra que recuerda mi error.
Mientras tanto, seguiré internado en mi sentir,
investigando la demonología que te Aleja de mí.
Buscando ritos benditos que puedan redimir
aquel muerto viviente que te hace infeliz.
Juan Penagos
Escribir es mi hobby, me parece una manera increíble de expresarse. Espero poder conectar con la gente que me lea.
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