El yogur con cereal que preparabas sonriendo
me devuelve la imagen voraz del silencio,
la puerta de casa que no es tocada los domingos
se pregunta qué pasa, que no suenan tus tacones.
El mate que ya nadie toma en las tardes
desde el otro lado de la mesa exclama tu nombre.
La ventana ve a mis ojos en el día gris de invierno,
sin ya nadie que me diga que me ponga abrigo.
Perdiendo los nervios pasando hojas del libro
de poemas de Bécquer que leí para encontrarte;
"Crees que por tu nombre te ha llamado lejana voz,
sabe que, entre las sombras que te cercan,
te llamo yo(...)
Aunque invisible al lado tuyo, respiro yo."
Y entendí que el frío en mi alma,
el silencio en el mundo,
las señoras en la calle conversandome un segundo,
las recetas de postres,
los libros de crucigramas en la calle,
todo lo que existe te evoca porque yo te invoco.
Tu presencia ausente no es más,
porque en mí vives y por siempre vivirás.
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