Cuando empiezo a quedarme conmigo
Después del ruido, después del vacío, después de mirar el teléfono más veces de las que quiero admitir… hay un momento en que el silencio deja de doler un poco.
No porque ya no los extrañe.
Sino porque empiezo a escucharme.
Me doy cuenta de que, debajo de la mamá que soy todos los días, hay una mujer que quedó un poco en pausa. No desapareció. Solo se acomodó atrás, esperando.
Esa mujer también siente.
También se aburre.
También se frustra.
También quiere algo más que sobrevivir al día.
Y cuando ellos no están, esa parte mía asoma.
Al principio incomoda. Porque no tiene instrucciones claras. No sabe qué hacer con tanto espacio. Pero si me quedo quieta el tiempo suficiente, empiezo a notar pequeñas cosas:
Que me gusta el silencio a cierta hora.
Que me calma pintar sin que nadie me interrumpa.
Que extraño bailar, aunque sea una canción sola.
Que hay deseos míos que no tienen que ver con nadie más.
Y ahí entiendo algo importante:
No estoy perdiendo mi rol. Estoy ampliándolo.
Ser mamá no desaparece cuando ellos se van unos días. Pero yo tampoco desaparezco cuando no estoy ejerciendo activamente.
Tal vez este tiempo no es un vacío. Es una transición.
Un espacio incómodo donde aprendo a ser mamá… y también ser mujer.
Y no es traición dedicarme tiempo.
No es abandono disfrutar algo sola.
No es egoísmo tener una identidad que no dependa exclusivamente de que me necesiten.
Los amo cuando están.
Los amo cuando no están.
Y puedo aprender a amarme un poco más en el medio.
Si te gustó este post, considera invitarle un cafecito al escritor
Comprar un cafecitoRecomendados
Hacete socio de quaderno
Apoyá este proyecto independiente y accedé a beneficios exclusivos.
Empieza a escribir hoy en quaderno
Valoramos la calidad, la autenticidad y la diversidad de voces.

Comentarios
No hay comentarios todavía, sé el primero!
Debes iniciar sesión para comentar
Iniciar sesión