mobile isologo
buscar...

tomando sol, en un cielo

saume

Feb 25, 2026

71
Empieza a escribir gratis en quaderno

Llegaste en un invierno que no era solo de estación.

El frío no estaba solamente afuera

Había días en que estaba tan perdida, en que el tiempo pasaba espeso, como si todo estuviera cubierto por una niebla baja.

Y en medio de eso apareciste tú.

Pequeña.

Temblorosa.

Con esa fragilidad que no daba lástima,

sino cuidado.

No sabía que me hacía falta alguien.

Pero cuando te vi, entendí que sí.

Eras como una chispa mínima en un paisaje gris. No iluminabas todo, pero bastaba para que yo mirara hacia algún lado.

Te observaba aprender.

Eso es lo que más recuerdo: verte aprender el mundo.

Primero la tierra.

Esa inseguridad en tus patas, ese tantear el suelo como si cada paso fuera una pregunta.

Después el equilibrio.

Y después el impulso.

un día corriste.

Corriste con esa torpeza hermosa de lo nuevo, como si confiar fuera un acto físico. Como si el cuerpo supiera antes que la mente que estaba permitido avanzar.

Fue tanta la conexión que tuve contigo.

Tanta la emoción de verte crecer.

Me fascinaba descubrir que tu instinto de oveja estaba en ti sin que nadie tuviera que enseñártelo. No necesitabas aprender de otra. Sabías. Había algo antiguo en tu manera de moverte, algo que venía contigo desde antes.

Yo te miraba desde un poco más atrás.

Y en ese gesto —verte correr— algo en mí también se movía.

Como si tu libertad le diera permiso a la mía.

No hablábamos.

No había un lenguaje compartido más allá de la presencia.

Era el sonido de tu balido cuando me reconocías.

Era tu manera de quedarte cuando yo me iba

y era tu forma de esperar, sin reproche.

Me encantaba tu existencia.

Me encantaba compartir el mismo aire.

Me gustaba que aprendieras de mí,

y yo aprendí tanto de ti.

Aprendí a amar sin miedo.

A amar en silencio, pero que se notara.

Era evidente.

A veces pienso si te hice sentir sola.

Si al llamarme tu familia te cerré una puerta que necesitabas abierta.

Esa idea me atraviesa como una pregunta que no tiene respuesta.

Pero también recuerdo que eras libre.

Recuerdo tus saltos repentinos, sin motivo aparente.

Recuerdo cómo te alejabas lo suficiente para explorar y volvías lo suficiente para asegurarte de que yo seguía ahí.

Eso no es encierro.

era es confianza.

Cepillar tu lana era complejo jajaja.

Sentir tu calor en invierno era confirmar que el frío no lo ocupaba todo.

Escucharte balar era una forma de saber que alguien me esperaba.

Llegaste el 10 de agosto de 2024.

Esa fecha quedó fija en mi memoria como una marca discreta, pero imborrable.

Me alegraste el invierno.

Lo atravesé contigo.

Cuando te fuiste

fue un quiebre.

El día que partiste me faltaron lágrimas y al mismo tiempo me sobraban.

Lloré  un océano.

Un océano vasto de agua salada que parecía no tener orilla.

Y aun así sentía que no alcanzaba.

No era el momento.

Llegaste en el momento preciso.

Te fuiste en el momento impreciso.

Desde que te fuiste soy otra.

Hay una versión mía que se quedó contigo.

Fue un amor breve.

De días.

De meses.

Pero fue suficiente para verte crecer.

Suficiente para entender que el amor no sigue un reloj.

No se mide en años.

es conexión

Fue impactante cuando llegaste.

y cuando te fuiste aún más

Y no creo que nadie vaya a ocupar el mismo lugar.

No porque no pueda amar de nuevo,

sino porque lo que fue contigo fue único.

no fuiste una simple mascota

no eras eso

fuiste una felicidad que no creo volver a encontrar

es tuya

Cuando pienso en libertad,

te veo correr.

Cuando pienso en amor,

te veo quedarte.

Te amo, Lupe.

Y ese amor no depende del tiempo.

Existe.

Y eso basta.

saume

Comentarios

No hay comentarios todavía, sé el primero!

Debes iniciar sesión para comentar

Iniciar sesión