Tuve un buen domingo. hice todo lo que me gusta. A pesar de eso, no era lo que quería, nunca puede ser. Leí, escribí, paseé en bicicleta, vi una película hermosa, escuche varios discos, abracé y besé a los gatos, comí chocolate, me miré en el espejo y no lloré. Hace meses cultivo durante mis fines de semana todo lo que me gusta. Menos vos.
Tenerte en casa no significa tenerte en casa últimamente, y dormir con vos me parte al medio porque no me dejan dormir las ganas de dormir con vos. Somos tan jóvenes que no podemos parar, nuestros ritmos internos nos llevan puestos, y aunque estemos amarrados juntos, la marea nos distancia tanto que desde cada punta, no nos vemos. Intuimos nuestras formas en la niebla, acostumbrados como estamos al tacto de nuestras respectivas pieles, al calor de nuestros cuerpos, y aún dudando nos aferramos manteniendo el equilibrio creyendo que el amor es suficiente para sostenernos, pero no tenemos la certeza de si es aire o no lo que abrazamos.
Me siento criminal, ¿está bien eso? Mi mente le da vueltas a la idea de un acto de violencia que me devuelva a la realidad que perdí. Un acto desesperado, pero un acto de fé definitivo.
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