En el despacio comienzo del día, tanteo la brisa helada de las mañanas que la llegada del verano resucita y siento la nostalgia ardiendo, como la primera vez que el chorro de agua caliente te da en la espalda, al volver de una fiesta donde hiciste algo que te quedó ardiendo en la conciencia.
Busco respuestas en las palabras que quedan acumuladas en los bordes de los vasos, recorrer la mesa intacta luego de esa noche, todo lo que no se dice y carcome. Estoy derrotada ante la ilusión, la premisa de que el un posible amor es un encuentro con todo lo intangible de la vida, pero la gente habla todo el tiempo de actuar racionalmente y yo percibo temerosamente, floto en una tierra perdida de todo lo que pudo ser y no lo fue.
Los consejos factibles me dejan en un lago flotando, soy muy joven para seguirlos y para todo el miedo que tengo dentro pero cuando me permito sentir hay una avalancha de melancolía acumulada de la infancia, de otra vida, de el presente que como una cinta de película se proyecta y me despega de la realidad donde hay que entender las cosas.
Limitada por mi juventud para saber como actuar, sospecho que es como caer en la locura, no hay seguridad (esa no es la naturaleza del amor) por eso me imagino atravesada por rayos de luces de colores naranjas, rojos, amarillos, y tiendo a sentarme en los rincones sencillos de casa a sentir y hervir en la fantasía y en la duda adolescente mientras el dia va apagandose.
Me levanto en medio de la noche con sed, siento el ambiente cerrándose dejando brillar el amanecer aguado junto a los jacarandás combinando el naranja del cielo con la melancolia eterna. El encuentro es una pista de lo que se develará como destino, pero el anhelo previo es angustioso dice Badiou, recordar la lluvia ácida saliendo de tus ojos.
Todo el tiempo estoy sintiendo que hay una cascada que baja intermitente dentro mío, mucha agua, muchas palabras, discursos, dudas, musica que brota, el borde de los recuerdos dejando sabor agridulce. Vivir dentro del borde de las heridas como refugio, todo el tiempo el cuerpo metido dentro de la porosidad vulnerable que ante el mínimo roce expulsa y vuelve, ¿Que pasa si yo algún día escucho al otro lado de la llama, que me dice que salga un poco más? que el dolor no será eterno porque no será siempre el mismo, así igual el deseo y la felicidad.
No entiendo si me converti en el fantasma de ese tipo de chica que no deseas o que nunca te intereso, no podia explicar que mientras la luz del día bailaba desafiendo al tiempo, yo estaba oyendo a través de las paredes algún susurro que me ayude a saber que decir.
Quisiera destrabar la angustia de las siete de la tarde, la vergüenza arraigada en mi espiritu con una fuerza parecida como con la que se mantienen en vilo los árboles en el barrio de mi infancia, el suelo donde sospecho que se creo la profecía de que la sombra es donde pertenecemos quienes sentimos así. No quiero que mi silueta este en los lugares que sueño recorrer mientras vivo flotando en el ahora perdida por todo lo que podría ser.
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