Hay un idioma en tus manos
que nunca aprendí a traducir
prometés con la forma en que mirás,
pero tus gestos
tienen la costumbre de desmentirte,
como si dentro tuyo
existieran dos versiones
que no se conocen
y entonces me pregunto
si somos eso,
un error que insiste en repetirse
porque sabe pronunciar bien el deseo
hay noches
en las que tu cuerpo me cree todo,
y yo le creo a tu cuerpo
como si la piel no supiera mentir
pero después hablás
y el mundo vuelve a desarmarse
¿en qué momento
la verdad dejó de vivir en tu boca
y se mudó a tus dedos?
te siento
como se siente una idea que no termina de nacer,
como si fueras una pregunta
que se disfraza de certeza
cuando me toca
y yo,
que siempre fui más de creer en lo invisible,
empiezo a sospechar
que lo nuestro existe
solo cuando no lo pensamos
como si fuéramos
una escena bien actuada
de una película sin argumento,
donde nadie sabe
si el amor es el guion
o solo el accidente
decime
pero no con palabras
sino que cuando me buscás
es a mí
o al silencio que hago cuando te encuentro
porque hay algo en nosotros
que funciona demasiado bien
para ser verdad
y algo que falla tanto
que parece honesto
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