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Teo, una huella y un hasta pronto

Aug 5, 2026

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Te fuiste antes de ayer, en una veterinaria, y nos despedimos por última vez en este mundo, mirándonos a los ojos mientras las lágrimas resbalaban de mis ojos y mi mano sostenía tu patita, prometiéndote que íbamos a estar bien y dándote un descanso eterno porque ya no tenías más fuerzas para seguir. Gracias "por todo", dije cuando te agradecí, pero me quedé corta con las palabras ,Y hoy quiero hablar de vos.

Me salvaste la vida un millón de veces. Fuiste la razón por la cual luchaba por seguir, porque sé que me necesitabas tanto como yo te necesitaba. Cuidar de vos era más poderoso que mis ganas de darme por vencida. Me alegraste los días cuando te recostabas sobre mi pecho, regalándome calor, regalándome ese amor que tan bien sabías darme. Me alegraste las noches cada vez que amasabas mi panza como si fueras panadero, casi sabiendo dónde me dolía, casi sabiendo cómo sanarme. Me alegraste la vida con cada mirada, cada vez que pasabas tu cabeza por mi mentón y chocábamos narices, cada vez que elegías mis piernas para dormir o mis manos para jugar.

Ni hablar de todo lo que vivimos juntos: los cinco años y medio que me acompañaste, las seis mudanzas que vivimos, las miles de adaptaciones, miedos, frustraciones y alegrías que pasamos; cada vez que te peleabas arriba del techo y yo salía a defenderte o a buscarte de madrugada a la calle; cada vez que te juntabas con los gatos de la cuadra; las veces que tuve que bañarte después de tus noches alocadas, en las que volvías lleno de barro y agua de zanja; las risas cada vez que metías tus patitas en el paquete de galletitas, haciendo ganchito para sacarlas y comértelas; cuando estabas en celo y mordías a Rocky del cuello y le pisabas la espalda como si fuera una gata; lo sociable que eras con los otros gatos, siempre con un mejor amigo en cada lugar que habitaste, siempre tan querido y amado por todo mi círculo social, del que siempre presumí en todas partes.

Millones de cosas más vivimos juntos, pero no terminaría nunca de contarlas. Hoy solo quiero darte las gracias por todo eso y por haber compartido un pedacito de tu vida conmigo.

Perdón por las veces que no te dejé entrar a mi cuarto. Uno nunca está preparado para una última vez y, la verdad, no esperaba que fuera tan pronto. Perdón por las veces que no estuve tan presente o te sentiste solo. También tuve mis días en los que todo me costaba el doble y estar presente para ustedes se volvía un desafío. Solo quiero que sepas que siempre te llevé conmigo: en mi corazón, en mi galería, en las fotos de mi cuarto, en cada detalle. Siempre fuiste y vas a ser una de las cosas más hermosas que me pasó en la vida: tenerte a mi lado, crecer con vos y haber podido coincidir con tu alma en esta vida tan corta.

En el momento en que tuve que tomar la decisión de dejarte ir, se rompió mi corazón en mil pedazos. Saber que todavía respirabas y que esa iba a ser la última vez me dejaba sin aliento, pero estabas sufriendo y seguir prolongando eso habría sido muy egoísta de mi parte, teniendo en cuenta que siempre quise lo mejor para vos y que tu bienestar estuvo por encima de todas las cosas.

Cuando te fuiste, una parte de mí se fue con vos. Pero también quiero que sepas que una parte tuya quedó conmigo: todos esos momentos que nunca voy a olvidar y ese último beso que te di antes de no volver a verte. La verdad es que, después de Astor, te fuiste muy rápido. Sé que amabas a tu hermano, pero nunca creí que te irías con él a los pocos días.

Espero, con anhelo, que se encuentren bien y que, estén donde estén, no peleen. Pero, sobre todo, que sean muy felices, más de lo que en este mundo pudieron serlo. Hoy te despido y te mando un saludo al corazón. Quiero decirte que nunca te voy a olvidar y que te voy a llevar conmigo a donde sea que vaya. Te amo millones, Teo. Por ayer, por hoy y para toda la vida.

Maia Orellano

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