Quiero comerme al mundo
como a un sanguchito
con papitas y chizitos al medio.
Quiero y no tengo apetito.
Lo tengo ahí servido en la mesa,
lo miro con los ojos clavados,
mios ojos son el mundo,
el planeta tierra.
Quizá en mi estómago esté a salvo
no tengo jugos ácidos
son dulces como las frutillas.
Se me cae la baba
y no puedo dar el primer bocado
el miedo se interpone
el miedo es la tía que se pone a rezar
justo cuando estás por pinchar la milanesa.
El miedo es un candado en mi boca,
la llave está en mis sesos.
Tengo que romperme la cabeza,
que se raje el caparazón
y con las manos tantear dentro,
ajustar los tornillos.
Duele pero tengo que seguir urgando.
Tengo que urgar en la mierda
aunque mi cuerpo contorsione de dolor.
Hechar sal en las heridas
saliva, pis, todos los fluidos necesarios.
Esa llave se llevará mi dolor.
La llave maestra de mi hambruna mundial
y si no la encuentro
tendré que hacer del mundo un chupetín
que se deshaga en mis labios.
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