el sonido de las hojas al crujir lo vuelve especial,
va marcando mis pasos por un camino ideal,
uno que sabe a tardes de té y canela,
y a un amor tranquilo, digno de una novela.
Brisas me envuelven y por ellas caen las hojas,
hojas doradas, de esas que alegran las horas.
Yo ya empiezo a sentir el olor a madera,
sé que otros han sentido este otoño, y no seré la primera.
No olvido la sensación cálida del chocolate caliente,
que da calma, como un hogar de valientes;
ese calor me envuelve en pensamientos,
y en el fuego de aquellos momentos.
El otoño siempre volverá a este lugar,
Si me quieres acompañar, te enseñaré a volar
para crear recuerdos que valen oro,
que guardaré junto a mis tesoros.
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