Me aterra el amor que siento por vos.
Me aterra las palabras que
desean escapar, pero que callan.
Me aterra el dolor en el pecho cada vez
que el silencio se torna en algo más allá.
No sé explicarlo,
de la misma forma en la que
no sé mi sentir.
Sé que siento más de lo que debo,
así como sé que callo más de
lo que puedo.
Pero no quiero arruinarte,
ni arruinarme.
Mejor dicho,
no quiero arruinarnos y que escapes.
No quiero quedar estancada sin nunca
saber nada, pero tampoco quiero
arriesgarme y perderlo todo.
¿Cuánto valor me da dar un paso
si puedo perderte en el camino?
Yo no quiero.
Yo le temo al sentir,
porque no sé si vos sentís lo mismo.
Y prefiero vivir en la ignorancia,
en aquella curiosidad que sé que picará
toda la eternidad por no saber nunca.
Y pido perdón por no ser valiente,
pero yo no nací para morir de amor.
No nací para morir de un amor
que no queme, que no duela.
Y me limito a la mitad de vos,
eso yo lo sé, pero temo no saber si la otra
mitad que no recibo… si la merezco.
Y temo a todo.
Temo al dios que otorga el silencio,
y le temo al vacío que nos habita,
a aquella mitad tuya que existe pero
que no conozco,
a aquella oscuridad que órbita,
o a aquellas ganas de gritar todo.
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