me conocés muy bien.
conocés cada parte de mí,
las que se ven,
y las que escondí incluso de mí mismo.
conocés el hueco que trago,
la forma en que me hundo sin pedir ayuda.
estoy podrido por dentro.
y aún así te quedaste,
no por lástima,
no por accidente,
por elección.
una y otra vez.
todo en mí sangra.
sangra cosas que no puedo decir en voz alta,
cosas que me romperían más si las nombro.
ya estoy roto.
te quedás,
aunque sabes
que algo en mí no está bien.
que hay días en que solo respiro para no matarme.
que me mastico a mí mismo para no gritar.
mi cuerpo arde.
duele.
duele por esa necesidad
de meterte debajo de mi piel,
coserte al músculo,
hacerte carne mía,
que no puedas salir
aunque grites,
aunque llores,
aunque te arrepientas.
(...)
Para mi amado K.
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