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Te juro que todo pasa

Aug 27, 2026

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Te juro que todo pasa
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Por fin puedo respirar

Ayer me puse a pensar que, por fin, puedo respirar.

Que todo el dolor que atravesé durante este año, todos esos momentos en los que tuve el miedo más grande del mundo de perderte, finalmente quedaron atrás. Porque durante mucho tiempo sentí que necesitaba creer que, al menos, eso me lo merecía: que mientras todo lo que estaba a mi alrededor se quebraba y yo no podía hacer nada para evitarlo, vos ibas a quedarte.

Pero te fuiste.

Y te fuiste de las peores formas: sin explicarme por qué, sin decirme que ya no me amabas, sin decirme que vos habías decidido dejarme. Simplemente te fuiste. Y yo tuve que quedarme con todas las preguntas.

Terminamos el 2025 juntos, diciéndonos que dejábamos ese año atrás para empezar el 2026 juntos.

Y qué ironía.

Porque cuando realmente sentí que te necesitaba fue cuando empezó el año. Cuando llegó marzo, abril, cuando comenzó el otoño y el frío empezó a instalarse afuera. Ahí fue cuando entendí que también había lugares en los que ya no podía refugiarme.

Mi cuarto estaba lleno de recuerdos.

Los lugares que alguna vez fueron nuestros empezaron a dolerme.

Después llegó junio, ese mes que alguna vez significó nuestro aniversario, y vos decidiste que era mejor no hablar. Que yo tenía que aceptar que todo había terminado.

Y a mí eso me destrozaba.

Me costaba incluso escuchar tu voz.

Miraba nuestras setecientas fotos, volvía a ver videos, buscaba en ellos alguna respuesta. Ahí estábamos nosotros, tan felices, tan seguros de que todo estaba bien. Y yo seguía sin entender qué nos había pasado.

Durante días, horas y minutos me pregunté cuál había sido el problema. Qué había hecho mal. Me inventé miles de escenarios imaginando que podía cruzarte, que podías volver, que en algún momento ibas a aparecer para explicarme todo aquello que nunca entendí.

Pero nunca volviste.

Nunca hiciste nada.

Te quedaste en silencio.

Y yo tuve que aprender a aceptar ese silencio como acepté tantas otras cosas durante ese año.

Hasta que tuve que empezar a borrarte.

Primero de mis redes.

Después de mi galería.

De a poco, fui intentando sacar tus rastros de todos los lugares donde todavía existías.

Y antes de hacerlo, todavía te hice una última pregunta:

¿Podemos tener una última charla o vamos a seguir ignorándonos?

Seguiste en silencio absoluto.

Y entonces entendí que algunas respuestas también llegan de esa manera.

Hoy, con este sol de agosto que empieza a sentirse mucho más cálido que el de julio, mientras vuelvo a casa, me descubro sintiendo algo distinto.

No es tristeza.

No es miedo.

Es paz.

Porque finalmente pude habitar todo ese dolor. Pude llorarlo, atravesarlo, quedarme sola con él y aun así obligarme, una y otra vez, a levantarme.

Y hoy puedo decirme que no había nada más que yo pudiera haber hecho.

Te suelto.

Con todo el amor que te di.

Con todo el amor que alguna vez tuve para vos.

Y, por primera vez, ese amor ya no me pesa.

Me lo devuelvo a mí.

Después de tantos días encerrada entre mi propio llanto, después de tantas veces en las que tuve que convencerme de levantarme aunque no quisiera, finalmente puedo decir que ya pasó.

Ya no te tengo miedo.

Ya no me pongo nerviosa al pensar en cruzarte.

Y tampoco necesito que vuelvas para cerrar esta historia.

Hoy decido no cruzarte.

No porque te odie.

Porque nunca te odié.

No puedo hacerlo..

Porque 9 meses atrás fuiste y eras increíble ..

Entonces posiblemente esto sea sanar:

entender que algunas historias no terminan con una explicación.

A veces terminan cuando una deja de esperar.

Y ayer, mientras volvía a casa bajo este sol de agosto, entendí que después de todo este tiempo…

por fin puedo respirar.

Esponjita de amor

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