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Te habré devorado hasta los huesos

Jan 9, 2026

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Te habré devorado hasta los huesos
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La serpiente de escamas escarlata:

Ella habita en la nebulosa.
En la neblina que perpetra fantasías sobre los cielos.
Sumida en la estela,
es el carmesí del atardecer.

Me fusiono —si acaso— rozando su límite,
en el magenta del anochecer.
Cuando descansa, soy su sombra.
La sombra indómita del firmamento,
yo doy potestad a la tierra.
Soy la que se antepone
y vierte su firma en el mar.

No sabe que porto un mal augurio.
Que anhelo, en los vestigios del ayer,
haber despertado más temprano,
haber sido coloreada por la tarde.

Pero la luna ha requisado mi alma.
Mi luz es para los noctámbulos.
Ha rasgado mi piel
y ha fundido su corpus crepuscular en mí.

Me nombró.
Los difuntos me conocen como alquimia:
di origen a las estrellas.

Existo porque la noche —
que ha puesto a dormir al suicida,
a los malditos que profanan sepulcros—
me proclamó poeta.

Encarno un rol memorable, casi ególatra;
este se compone en mi piel.

Subsisto porque bajo mi carne
sobrevive la soberbia:
la serpiente de escamas escarlata.

Ella debe comprender
que en su luz no porto existencia.
Su sol palidece mi sombra.
No me nombra.

Si mis ojos avistan de cerca su fantasía,
su ámbar confinado a las nubes,
mi piel tensada romperá el cascarón.

Estoy hecha de porcelana,
y bajo mí vive la serpiente,
de su lengua brota mi ponzoña.

Nunca te fusiones, mi amada, con mi alma.
Te lo imploro.

Porto una sed antigua bajo el cuerpo.
Añejos son mis órganos.
Mi hambre pertenece a siglos pasados.

Nunca entremezcles tus sueños con mi lecho.
Porque abriré tu piel,
ahondaré en tu sangre,
y cuando los límites vuelvan difuso
lo vívido de lo mortuorio,
hurtaré tu ámbar,
tu estruendo dorado.

Y culparé a la noche,
diré que fue la serpiente
en su muda.

Tu inocencia habrá muerto.
Y yo, para ese entonces,
habré vuelto a la inmortalidad.

Te habré devorado hasta los huesos.

Milagros Gomez

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