Te necesito, maldito!
Lo único que quiero es tenerte junto a mí. O mejor dicho: tan cerca que ya no sepa dónde termino yo y dónde empezás vos.
No te extraño con aires románticos ni melancólicos. Te deseo. Me urge tenerte acá, sentir tus dedos recorriéndome, volver a reconocerme en tus manos. Me mojo con los recuerdos de aquellas noches, madrugadas, mañanas y tardes en las que nos quitábamos el frío y terminábamos sofocando el lugar con nuestro propio incendio.
Ahora te necesito acá. Curándome la ansiedad con tu boca, besándome los rincones que la luz no conoce. Quiero que nos aprendamos el Kamasutra, que perdamos tiempo practicando sus poses para terminar con el misionero, en el que puedo observar tu sonrisa perversa ahogado en placer.
Estoy desesperada por ver tus pupilas dilatándose al tocar mis pechos y a tu miembro creciendo con cada movimiento. Quiero ver tus dientes mordiendo tus labios y a tus ojos borrachos, luchando por mantenerse abiertos para mirar mi cuerpo, mientras te excitas con cada sollozo.
No aguanto las ganas de tener tu lengua sometiéndose a mis deseos y llevándome hasta el cielo.
Y quiero tenerte donde sea. En una cama, contra una pared, en un ascensor, en un río o en medio de un bosque, donde sea que pueda saciar mis ganas y dejar de ser una dama.
Vamos a complacernos, a dejarnos guiar por nuestros deseos más salvajes y terminar juntos, tocando el paraíso sin remordimiento alguno después de haber pecado.
Te reto a imaginarme una vez más volviéndome tuya, a recordar la sensación de nuestros cuerpos convertidos en uno y no querer tenerme ahí, en medio de ti.
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