Hace muchos años que no tomo el té acompañada
también hace mucho tiempo que no lo tomo
con leche.
Siempre sola, con apenas unas gotas de edulcorante
y sólo cuando
me duele la panza.
Pero no siempre fue así.
Cuando era chica
todas las tardes
tenía una cita
con mi abuela
para tomar el té con leche.
Mientras yo esperaba
apoyada en la mesa redonda de la cocina
ella preparaba la ceremonia.
En la bandeja ponía
dos tazas verdes con su saquito correspondiente,
un platito con galletitas de agua y
la lechetita de flores rosas.
Luego se sentaba a mi lado
tomábamos un sorbito para catar
y hacíamos sopita,
rompíamos las galletitas con las manos y
las arrojabamos al té,
hacíamos sopita.
Desde su ausencia
el té con leche
desapareció de mi menú.
Hasta hoy.
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