Martes a la tarde, te desvaneces de mis brazos.
La cabeza me palpita, me sangra el corazón.
Las palabras se convierten en un fuerte viento, un huracán en mi pecho.
Te busco en cualquier momento, en mis adentros, en el café recién hecho, en la casita que construí con las manos destrozadas para los dos.
Te busco en el do, de vez en cuando en el fa, jamás en el mi.
Te busco amor mío en el claroscuro, en la página doblada, en la funda de mi almohada que aún huele a ti.
Te busco en mis acuarelas secas, en las hojas que caen pálidas en mi jardín, en la mancha de vino en la alfombra y en los días fríos, helados.
Ojalá me encuentres tú a mi, ojalá no olvides que no paro de buscarte, aquí, empapada en el agobio de lo mundano.
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