¿Cómo se escapa de algo que no tiene cadenas?
¿Cómo huir de un lugar donde no hay rejas ni muros,
donde el pasto es tan verde que invita a correr,
y aun así, mis pasos no avanzan?
¿Cómo se huye de un cielo gris
cuando el sol aparece más dorado que nunca,
como si se burlara de mi tristeza con su belleza?
¿Cómo se escapa de un amor que ni siquiera me pertenece?
¿Cómo dejo atrás un nombre que nunca me llama,
un aroma que no me envuelve,
una presencia que nunca está…
pero que vive en cada rincón de mí?
Tú no estás.
Y sin embargo, todo eres tú.
Tu ausencia no hace ruido,
pero pesa.
Pesa como una sombra que me acompaña incluso bajo la luz.
Mi nombre me recuerda al tuyo.
Mis sueños inventan tus abrazos.
Mi canto late con tu eco.
Te pienso…
aunque no deba.
Te quiero…
aunque no estés.
Y cada día deseo dejar de amarte tanto,
pero hay algo en ti que se quedó atado a mi alma
como si fuera raíz…
aunque jamás florezca.
No sé si alguna vez lo notes,
si alguna vez mi silencio te parezca más profundo que otras veces.
Tal vez no.
Tal vez solo seas eso:
el amor que no fue,
el amor que callé,
el amor que aún no me deja ir.
Pero esta soy yo.
La que te ama en secreto.
La que intenta escapar sin moverse.
La que no sabe cómo soltar…
porque nunca te tuvo.

Aleinad
Soy una escritora en formación, una buscadora de palabras que intentan decir lo que a veces la voz calla. Descubrí en la escritura un refugio.
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